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viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Dónde queda París?


bla bla bla


Y sí. Me puse linda. Un vestido con flores. El pelo recogido. Pero tampoco tanto. Quería parecer casual. Me miré al espejo. A decir verdad, me hubiera gustado tener cinco kilos menos. Me tocó el timbre y yo bajé. Subimos a su auto. Puso un disco que yo escuchaba mucho y justo sonó una canción triste.

Mr. Wrong:
¿Vamos al mismo lugar de siempre?

Paula:
No. Mejor no. Vamos al otro lugar de siempre.

Mr. Wrong:
Ok.

No sé en qué momento de nuestro noviazgo nos habíamos vuelto tan amigos. La conversación fluyó con naturalidad. Y no sé en qué momento de esa amistad nos volvimos dos extraños. Siempre pienso y vuelvo a pensar en nuestra relación. Creo que lo terrible era esa cotidianeidad tan encantadora. Hablar con él después de tanto tiempo de no haberlo visto y sentir que lo vi ayer. Llegamos. Nos sentamos al lado de las ventanas. El mozo nos reconoció.

Paula:
Y bueno. Para qué me invitaste. Dispará.

Mr. Wrong:
No es nada tan grave.

Paula:
Estás con alguien.

Mr. Wrong:
¿Vos no?

Paula:
Qué importa eso.

Mr. Wrong:
Sí. Me estoy viendo con alguien.

Paula:
¿Y qué más?

Mr. Wrong:
¿Por qué esa necesidad de ir directo al tema? Dame un poco de tiempo para encontrar las palabras.

Paula:
Dale. Decime. Me siento como Sally Allbright.

Mr. Wrong:
¿Quién???

Paula:
Sally, de “When Harry met Sally”

Mr. Wrong:
¿Otra vez esa película?!!!

Paula:
Sí, el novio le decía que no quería compromisos. Se pelean y un día la llama y le cuenta que se va a casar. Entonces ella se da cuenta … que él no quería casarse CON ELLA.

Mr. Wrong:
Pero por ahí la relación con Sally lo preparó para lo que vino después. ¿No lo pensaste?

Paula:
Si. Lo pensé. ¿Pero eso no le tendría que dar más bronca a Sally?

Mr. Wrong:
No me voy a casar… pero me voy a vivir con ella.

(Silencio)

Mr. Wrong:
La conocí hace poco pero todo fue muy rápido. Yo… sentí que te lo tenía que decir personalmente.

Paula:
¡Es lo mismo! Los hombres siempre piensan que no es lo mismo pero es lo mismo.

Mr. Wrong:
¿Qué cosa?

Paula:
Te vas a vivir con ella. ¡Y conmigo no te animaste!

Mr. Wrong:
¿Quién te dijo eso?

Paula:
¿Vos? Me dijiste “Teamoperoestoyaterrado”.

Mr. Wrong:
Bueno, estaba como loco. Re confundido. Decía cualquier cosa. Pero me parece que ahora estoy listo.

Paula:
¿Y la querés?

Mr. Wrong:
Mucho.

(Silencio de Paula)

Mr. Wrong:
Y es distinto eh. A vos te quería de otra manera.

(Silencio de Paula)

Mr. Wrong:
Con vos era todo demasiado. Si íbamos a una fiesta, nos re divertíamos. Si nos peleábamos, nos re peleábamos. Esas discusiones interminables llenas de sentimientos. Era como vivir en una tormenta. Muy desgastante. Con Lore todo es más tranquilo. La pasamos bien, no tan bien, pero no peleamos. Pensamos parecido. No discutimos. Es buena. No sé.

Paula:
Eras vos el que siempre dudaba. Me responsabilizás de todo.

Mr. Wrong:
Pero vos eras más dramática. Admítilo.

Paula:
Bueno, basta. Ya fue. ¿No? Mirá que bien que hablamos ahora. No lo arruinemos. Yo me alegro que hayas encontrado a alguien que te haga bien.

Mr. Wrong:
¿Y vos?

Paula:
Ando en algo. Nada importante. (Mentí. ¿ Qué otra cosa podía hacer? ¿Alguien se atreve a iniciarme una demanda legal?)

Mr. Wrong:
¿Te trata bien?

Paula:
Sí, todo bien. Pero a ella la detesto igual. Sabelo.


Mr. Wrong:
Jajaja.

(Silencio incomodo)

Mr. Wrong:
Yo también lo detesto. Sea quien sea no quiero que me cuentes nada.

Paula:
Tampoco te voy a contar. Son mis cosas.

Mr. Wrong:
(Y entonces me tomó de la mano) Perdóname. Sé que te lastimé. (Me soltó) Tenía mis dudas y no sabía cómo expresarlas sin lastimarte. Ahora no soy así. Aprendí mucho.

Paula:
¿Me quisiste alguna vez?

Mr. Wrong:
¿Me estás jodiendo? Todos me decían “Andá más despacio. Recién la conocés”. Y yo estaba fascinado. Me fascinabas.


Paula:
¿Y qué pasó? ¿ Por qué un día ya…?


Mr. Wrong:
No sé. A veces yo también me pregunto cómo hubiera sido mi vida ahora si …

Paula:
La fascinación es así. Se va.

Mr. Wrong:
Yo soy un tipo difícil. Ya sé.

Paula:
No. Bah… Sí. Es verdad.

Mr. Wrong:
Jjaja

Paula:
Pero sos un buen tipo igual. ¿Viste? Te dije que iba a ser la Sally.

Mr. Wrong:
Pero esa película termina bien, ¿no?

Paula:
Depende cómo lo pienses. Ella se merecía alguien mejor que Harry. Pero Harry era un poco mejor que su ex. Su ex era un cobarde que se quedó con la chica aburrida. Y también estoy segura que cuando se casó con la otra después se quedó pelado y le creció la panza. Y sabés qué. Está bien. El eligió esa vida tranquila y confortable, sin sobresaltos.

Mr. Wrong:
Pero Sally era muy complicada y tenía el pelo muy revuelto.

Paula:
¡Eran los ochenta!

Mr. Wrong:
A mí igual siempre me gustó más Casablanca y eso que ellos no se quedan juntos.

Paula:
Y siempre van a tener París, ¿no? En el cine, París no es una ciudad.

Mr. Wrong:
¿Y qué es?

Paula:
Un lugar imaginario donde viven felices para siempre los amantes que en la vida real se terminarían enamorando de otras personas y haciendo sus vidas por separado.


Mr. Wrong:
Sí. Creo que por eso me gusta Casablanca. Siempre van a tener París.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

La invitación


bla bla bla


Mr. Wrong:

- Sí, tengo un montón para contarte.


Paula:

- Umm… Me dás miedo.


Mr. Wrong:

- ¿Qué hacés mañana que es feriado? Te invito a almorzar.


Paula:

- ¿A almorzar? Umm. Estoy temblando ahora. ¿Qué me vas a decir?



Mr. Wrong:

- Nada importante. Sólo te quiero ver y charlar un rato.


Paula:

- Hijo de mil puta. ¿Te vas a casar o algo así?


Mr. Wrong:

- Jajaj. ¿Almorzamos o no?


Paula:

- Creo que voy a arrepentir toda la vida. Pero bueno, dale.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Ouch


bla bla bla


Y entonces se abrió la ventana del msn:


Mr. Wrong:
Te vi el otro día.

Paula:
¿Ah si?

Mr. Wrong:
En Palermo.

Paula:
Palermo es una mierda. Te cruzás con todo el mundo.

Mr. Wrong:
¿Vos no me viste?

Paula:
¿Yo? No. Sino te saludo.

Mr. Wrong:
Ah, ok. Mejor.

Paula:
¿Por?

Mr. Wrong:
Por nada. Dejá.

Paula:
Esperá... ¿Tenés algo para contarme?

(Continuará...)

lunes, 30 de noviembre de 2009

El mundo es un pañuelo


... y el cosmos es perverso

bla bla bla


Mi amiga Julia, aunque estudia letras, es una gran lectora de las leyes físicas. Seguidora indiscutible de The Big Bang Theory, de las teorías de Einstein y de las predicciones de Ludovica Squirru en la misma medida, es una de esas amigas con las que salís y no te vas a aburrir nunca. Eso sí. Las conversaciones con ella suelen ser tan extrañas y herméticas que pueden ser catalogadas de espantagente.

El sábado pasado estábamos en una fiesta. Hace rato que no salía y necesitaba despejarme un poco. Estábamos en una vereda, con una cervecita en la mano, antes de que se largara la lluvia con todo.

Julia:
- Ponele el jabón… ¡Está hecho con grasa!

Paula:
- Sí, pero el de glicerina no.

Julia:
Las cosas en el mundo no son como parecen. Están disfrazadas.

Paula:
- Aja. Igual que la gelatina.

Julia:
¿La gelatina?

Paula:
- Se solidifica gracias a los cartílagos y los huesos hervidos de los animales. (Julia me mira asombrada) ¡Viste! ... y tiene esos colores tan felices, que pareciera que viniera de Disney, y que la inventó Winnie The Pooh.

Julia:
- Sí. Pero el origen de los huesos es polvo de estrellas. ¿Sabías?

Paula:
- ¿Qué querés decir? ¿Que cuando comemos gelatina comemos polvo de estrellas?


Y sí. Es verdad. El universo es misterioso. Y este mundo es tan grande, tan pero tan grande, que estadísticamente nunca tendríamos que coincidir con nadie. Sin embargo, la concentración en las grandes ciudades hace que Buenos Aires se vuelva un pañuelo.

Y una sabe que puede pasar. Es más. Una sabe que tarde o temprano va a pasar. Porque el cosmos es sofisticado, complejo y extravagante, como un amigo gay. Pero aún así, el día que de casualidad se te dio por salir a la vereda a hablar del universo, en un lugar extraño en el que terminaste de pura casualidad. Y levantás la cabeza y lo ves, también por azar. Y es él. Y está igual pero distinto. Esa persona que un momento consideraste el amor de tu vida. Va caminando por Bulnes de la mano con alguien más. Y vos, ingenua, pensabas que ya estaba tan superado. Y no sabés qué hacer. Entonces te das vuelta para que él no te vea borracha, despeinada y con cara de sueño.

Ese es el día en el que pensás que todo el cosmos se complotó en tu contra. Y ni hablar si justo después empieza a llover.

jueves, 30 de julio de 2009

La ley del desapego


bla bla bla

Mr. Wrong podía ser extremadamente dulce por momentos. El había descubierto mi debilidad por sus medias. Uno de sus últimos regalos fue unas medias de lana de llama, de esas que se traen de Bolivia, infalibles para el invierno. Y yo, que antes de la separación siempre detesté los regalos simbólicos, solía usar esas medias todos los días, hasta que llegó el verano, y como hace la gente que quiere olvidar, entre las cosas de mi casa, las perdí.

Desde que se fue Gastón, casi como un acto masoquista, también me pongo sus medias. No son tan infalibles al frío del invierno. Tampoco son naranjas. Son unas medias de toalla blanca, con las puntas gastadas. Aún así, a la noche, antes de dormir, sus medias y yo nos encontramos. Sólo que ya no sé si me abrigan.

Por eso decidí tirar todas mis medias. Las medias que robé. Después de todo, hay veces que me cuesta cerrar el cajón.

Además, no sé por qué, presiento que la primavera no está tan lejos.


martes, 23 de junio de 2009

Autocrítica


Hablemos mal de mí
bla bla bla

El viaje de Gastón me hace pensar mucho. Mucho en mis antiguas relaciones. Ojala hubiera podido despegarme con tanta facilidad de mis otras parejas pero la verdad es que siempre llevé mal las rupturas. Supongo que haber tenido esta experiencia con él me va a ayudar a aprender un poco sobre los tiempos de cada uno y las vueltas del destino sin tratar de entenderlos. Aunque me pone triste, lo acepto. Era así. Tenía que ser así.

Pero cuando terminé mi relación más significativa no lo manejé bien. De hecho, lo manejé muy mal. Lejos de aceptar que la relación no funcionaba como una mujer madura lo hubiera hecho, tuve actitudes que dejaban mucho que desear. No las voy a enumerar acá, ahora, porque sinceramente me dan vergüenza. Vergüenza ajena porque no me siento identificada para nada con esa mujer desbordada con la que no se podía dialogar. De hecho, está tan lejos esa mujer de mí que no puedo volver a esos recuerdos. Están sellados en algún lado que me da mucha angustia. Lo que me horroriza no fue la situación de ruptura sino haber perdido el control. El mismo control que perdemos cuando recién nos enamoramos.

Cuando recién nos enamoramos tenemos miedo. A veces más miedo que cuando nos enfrentamos a la incertidumbre de separarse. Una de mis mejores amigas está en pleno momento de enamoramiento. El hombre perfecto llegó a su vida. Lo dice abiertamente. “Con él me quiero casar y tener hijos”. Mi amiga no es una mujer de hacer afirmaciones de este tipo. Es más bien de las que prefieren quedarse en su casa leyendo un libro al lado de su perro. Su cambio de actitud sería sorprendente hasta para Charlotte. El otro día me decía, muy alarmada: “Yo no puedo soportar estar en una relación donde yo sea la que está más enamorada”. Tiene miedo. Está aterrada. Preferiría salir corriendo que quedarse al lado del hombre de sus sueños.

Mi respuesta fue sabia. Siempre soy sabia en los asuntos ajenos. “El tema es que ahora sólo podés quedarte ahí y que él decida”. Ella sonrió y se relajó un poco.

Supongo que eso es lo que más me duele de mi relación con mi Mr. Wrong. Que él decidió que yo era la mujer equivocada.

Y más que eso, lo que más me duele, es que lo era de verdad. No estaba preparada para una relación que implicará un compromiso tal como el que teníamos. Aceptar que yo y todas esas actitudes que ni siquiera puedo enumerar por pudor, formamos parte de esa historia de separación tan dolorosa, es la tarea que más me cuesta hasta ahora. Tuve que conocer a varios payasos después de él para entender que tal vez él era el príncipe pero

la que tenía la nariz roja era yo.


lunes, 22 de junio de 2009

Extrañar.com


bla bla bla

Yo no tengo que ir al casamiento de mi hermana ni mi madre hizo una apuesta sobre mi soltería, pero tengo un problema más terrible: todas mis amigas en este breve lapso se pusieron de novias. Tendría que estar contenta por ellas. Y lo estoy. Pero la verdad es que los fines de semana me aburro terriblemente.

Ya no me motivan las fiestas estridentes pero ir a cenar me parece de viejos.

Ir al cine sola, actividad que siempre me volvió loca, de golpe me parece de solterona empedernida.

Se acerca mi cumpleaños nº…, bueno, qué importa. Cuestión que extraño a todos. Lo extraño a Gastón, a Matías, y a mi Mr. Wrong. Cuando se acerca mi cumpleaños me vuelvo insoportable.

Angie me dice que es medio raro lo que le digo. "¿Cómo que extrañás a todos? Tenés que extrañar a uno por vez”. Pero yo siento que una masa de extrañamiento que me aplasta. Y aunque suene infantil, los extraño a todos.



(Menos a Roco porque siempre me escribe).



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lunes, 4 de mayo de 2009

Mi no sé qué cosa y yo

O acerca del uso del lenguaje y mi miedo al compromiso
bla bla bla

Es una condición inherente al ser humano la necesidad de nombrar a las cosas, sean objetos, personas y hasta relaciones.Yo no soy la excepción a la regla. Es más, siempre le di demasiada importancia a las palabras. Sobre todo con lo que respecta al amor.


De hecho, la palabra pareja, por ejemplo, siempre me dio un vértigo asfixiante: par-reja, la prisión de la simetría. La palabra esposa - no hay que pensar demasiado- me repite también a la cárcel. Y la palabra esposo (es-pozo) me da una imagen de profunda oscuridad. Ni hablamos de lo que me produce la palabra casados (cazados).


La palabra novio, en cambio, siempre me había gustado. La veía como una palabra llena de frescura, que la v corta del medio suavizaba, llenándola de musicalidad. Hasta un día, mi ex novio dejó ser el hombre maravilloso que yo había pensado cuando lo conocí. Entonces, no me quedó otra que descubrir el sentido oculto de la palabra novio. No-vio. Y es por eso la gente siempre dice que el amor es ciego.


Sin embargo, no tengo objeción contra la palabra ex. Es acertada y simple, aunque muchas veces dolorosa. Establece la distancia justa y necesaria entre el tiempo presente y el tiempo pasado.


Ex que divide las aguas y marca el territorio.


Ex de afuera.


Lejos de mí.


viernes, 1 de mayo de 2009

Buena suerte

Dicen los toreros - Buena suerte, compañeros, que no es tan fácil como decir solamente adiós.
bla bla bla

Lo que viví durante los años que estuve con Mr. Wrong, sólo él y yo lo sabemos. Ojalá pudiera registrar cada palabra, cada gesto, cada momento, y esa triste felicidad que descubrimos todo el tiempo que estuvimos juntos. Pero es imposible.

Pero, bueno, pongámonos en situación. Nos habíamos quedado en la fiesta. Ya me tomé el tequila, pero uno solo, como para sobrellevar la noticia. Las chicas y yo habíamos decidido que nada nos va a arruinar la noche. “Vamos a bailar y a divertirnos aunque se levanten los zombis y quieran comerse nuestros cerebros”. Y en lo que siguió de la noche, esa fue la meta. Bailamos frenéticamente por unas cuantas horas.

Ahí estaba yo, en el medio de la pista, con mi mejor pose de mujer que irradia felicidad. Tenía un vestido negro muy corto, como siempre, y justo me había planchado el pelo. Y por ahí estaba él, ¿sin saber que estaba yo en el mismo lugar?, haciendo lo mismo con sus amigos. Hasta que en medio de un ataque de sinceridad las mire y les dije: ¿Nos vamos? Las chicas asintieron, aliviadas.

Pero cuando nos estábamos por ir, muy cerca de la puerta de salida, lo veo y sus amigos me ven. Él está de espaldas pero las cartas ya están echadas. “Los voy a tener que saludar”, pienso, y me armo de valor.

Me acerco con mi mejor sonrisa. Lo saludo a él al pasar, y mientras tanto, sus amigos y yo nos abrazamos. Nos ponemos al día. Fue como un momento de reencuentro con mis compañeros del secundario. Claro. Era obvio que iba a pasar pero no lo esperaba. Con él nos despedimos veinte veces y recaimos otras tantas pero con ellos no hubo charlas de despedidas ni nada por el estilo. Sólo, de un día para el otro, no nos vimos más. Y entonces, lo que más me impactó, fue sentir que ellos me extrañaban tanto como yo.

Las chicas me están esperando con cara de apuradas, me acerco a él y le digo: Nos estábamos yendo pero me alegro verte bien. El me mira pero no cae. Parece que le hablara alguien de ultratumba. Está paralizado. Me mira como en medio de una sesión de hipnosis. Me abraza. No puede decir nada. Yo tampoco agrego nada más. Y me voy.

De ahí nos fuimos a otra fiesta. Obvio. En el taxi, seguimos con la charla.

Cecilia:

No sé si decirte esto. Pero estoy muy orgullosa de vos.

Paula:

¿Qué esperabas? ¿Que le hiciera una escena?

Cecilia:

No. Pero lo llevaste muy bien.

Angy:

Yo sí esperaba que le hicieras una escena.

Paula:

Jajjaa

Angy:

Lo mejor es que es que estabas re linda.

Paula:

Ay. Gracias. Lo que pasa es que antes me vi con Gastón y me puse linda para él.

Cecilia:

No seas humilde. ¡Te salió redonda!- me dice, emocionada.

Amy:

Perdón. ¿Pero alguien se dio cuenta cómo la miró?

Cecilia:

No.

Angy:

No. ¿Cómo?

Amy:

La miró ASI.

Paula:

Estaba sorprendido. Nomás.

Cecilia:

Bueno, que se joda.

Angy:

Tal cual. Que se joda. Ni se acercó a nosotras. Que se piensa. Hace un montón de tiempo que no nos veía y, después de todo lo que vivimos, no fue capaz de venir a saludarnos…

(Pobres mis amigas. Ellas también se habían encariñado).

jueves, 30 de abril de 2009

The way we were


bla bla bla
Flashback 2005

La tercera vez que nos vimos él estaba más nervioso que la primera vez. Me bajé del colectivo y lo vi en la esquina que habíamos pactado. Me acerqué y él me miró con la sonrisa más honesta. Todavía yo dudaba. No estaba segura. ¿Quería seguir conociéndolo? ¿Era él lo que yo necesitaba para ese momento de mi vida?


Unos días antes, casi sin motivo, había estado pensando en los muebles antiguos. Adoro los muebles antiguos. Toda su solidez. Muebles de una época donde las cosas necesitaban espacio y tenían peso. No lo digo en sentido figurado. Quien tenga una mesa antigua sabe de lo que hablo. Los muebles antiguos son grandes y pesados. Nacieron pensados para familias numerosas en una época donde se compraba una mesa para que durara. No sé si por eso me gustan los muebles antiguos. Tal vez me gustan porque me trasladan emocionalmente a la casa de mi abuela. Sus objetos delicados. Sus espejos barrocos. Sus copas en la repisa. Tal vez por todo eso. Pero supongo que había algo más. Un deseo profundo. Algo que buscaba en ese momento de mi vida. Por ahí era la necesidad de algo real, algo que permaneciera a pesar del paso de tiempo y los cambiantes estados de ánimo. Por todo eso, o tal vez sólo por casualidad, tan sólo unos días antes, mientras viajaba en colectivo, había tenido la fantasía de conocer a alguien con quien salir a mirar muebles antiguos.


El me estaba esperando en una esquina. Llegué y me saludó con alegría. Estaba nublado y todas las cosas tenían esa luz cansada de los días nublados. Caminamos juntos costeando las vías del tren. El sonría por cualquier cosa y me hablaba del lugar donde había crecido. No preguntaba mucho. Eso me gustaba. Hacía de cuenta que me conocía. Eso me sorprendía. Yo hacía de cuenta que él me conocía. Eso me extrañaba. De pronto, casi sin motivo, paramos frente a una vidriera. Un tienda de muebles antiguos. Yo me quedé mirando una muñeca de porcelana que estaba al lado un delicado juego de té. Y entonces, de reojo, lo miré, y sin que yo le dijera nada, casi como si me leyera la mente, me preguntó:

Mr. Wrong:
- ¿Entramos?



En ese momento sentí que sí, que quería entrar, que quería seguir. Y me sentí completamente segura de que lo quería a volver a ver.

Después, pasado el tiempo, los meses de noviazgo, me di cuenta de que en realidad a él nunca le gustaron los muebles antiguos.

Fingió interés sólo para conquistarme.

lunes, 27 de abril de 2009

Traeme un tequila


bla bla bla

El sábado a la noche tuve una fiesta. Una salida de chicas. Así que, aunque me sentí un poco mal, me encontré con Gastón más temprano y le aclaré que esa noche era noche de chicas y que la decisión era inamovible. El se lo tomó bien. De hecho, creo que a veces hago aclaraciones innecesarias que me hacen quedar como una tonta. El no es un chico posesivo y tiene una vida propia llena de amigos y de actividades. Pero mejor aclarar a que queden dudas y después sentirme culpable. Cenamos. Caminamos. Tomamos una cerveza en barcito de esos que dan a las avenidas y que se repiten por todo Buenos Aires. El después me dejó cerca de la fiesta y siguió su camino en el taxi.
Entré a la fiesta en medio del climax. Estaba buenísima. Yo, además, tenía muy buen humor. Me encanta Gastón. Me encanta su ternura. Que sea así, que me trate así, que miré así, que … Bueno, él me encanta. Y a veces también me gusta no estar con él para extrañarlo.
Pero bueno, pongamos en situación. Las chicas y yo en la fiesta. Mucha, mucha gente. Amigos y también desconocidos. Alcohol. Música ochentosa. Yo estaba sentada contándole a las amigas los más mínimos detalles: los días que nos quedan, las cosas que hacemos, los libros que lee, que deja destapada la pasta de dientes, que la aprieta por la mitad en vez desde abajo, que no se come el borde las pizzas y que las verduras no le gustan. Lo que hacemos todas las chicas cuando nos juntamos: hablar, hablar de todo, examinar microscópicamente todos los temas.
Entonces veo que se aparece Angy. Tiene una mueca oscura y está pálida como un vaso de leche.

Angy:
¡No sabés quién está!

Paula:
¿Quién?

Angy:
Eee… yo…

Paula (que mira para todos lados):
¿Tu ex? ¿Acá?

Angy:
No. Peor.

Paula:
¿Quién?

Angy:
El tuyo.

Todas me clavan las miradas al unísono. Levanto la vista y la miro a Ceci que está con la boca abierta como si esperara que dijera algo importante. Pero yo sólo atino a decir:

"Traeme un tequila".

viernes, 17 de abril de 2009

El músico (4)

o casi famoso
bla bla bla

Hasta que un día empezaron las giras. Y más y más giras. Giras largas, de meses.
No es cierto que los músicos se mueren de hambre: a algunos les va muy bien. Cambian su vida de bohemios a burgueses en un parpadeo, y ese es más o menos el storyline de la vida de Roco.

En una ocasión, que él volvió del sur y yo justo volví de viaje al mismo tiempo, nos encontramos en la esquina de Corrientes y Callao. Pero nada era lo mismo. Él era otro. Primero que nada, un par de chicas se paraban a hablarlo mientras ibamos caminando y yo nos les importaba nada. En segundo lugar, él estaba distante. Cuando comencé con el interrogatorio, y así nomás, sin que mediara nada pero nada de tacto, tuve pruebas contundentes de su perra sinceridad: “Conocí a otra chica”.

Crash.

Me puse mal pero seguí con mi vida. No fue difícil. Mucho no lo veía por las giras y yo tampoco sentía lo mismo que antes. El me siguió llamando y seguimos en contacto. La otra chica tampoco se bancó todos sus viajes, y, como siempre, terminó solo.

Tengo que admitir que más de una vez, cuando lo necesité, estuvo. Incluso en una ocasión que perdí a un familiar que quería muchísimo fue el primero al que llamé. Hablar con él siempre me ayudó en mis momentos más terribles. Al mismo tiempo, yo era la primera al que él llamaba.

Sin duda, a pesar de las fluctuaciones, siempre tuvimos una relación especial. Pero también su confusión me lastimó bastante. Me acuerdo particularmente de una noche. Me invitó a ver una banda. Fuimos a San Telmo, el lugar donde nos conocimos. Y yo creo, no sin motivos, que me ilusioné con una reconciliación. Pero nada. Ni siquiera me dio un beso. Volví llorando en el colectivo con las carilinas estrujadas en la mano.

Y así pasaron los meses y nos volvimos a ver cuando él se mudaba. Dejaba la pensión para irse a vivir a una quinta con una pileta increíble. Nos abrazamos. Fue un abrazo hermoso. Y creo que para mí ese fue como un final simbólico. Al mes, al mes exacto, conocí al hombre que más me iba a ser feliz por más que después terminara siendo nada más y nada menos que Freddy Kruger.

Y todo lo demás es historia. Los años que estuve de novia Roco desapareció de la faz de la tierra. Algún mail esporádico. Alguna charla de msn. Mientras tanto, empezó a tomar alcohol, a comer carne y ganar mucho dinero. Yo, en cambio, empecé a creer en el tarot, el e-ching y la numerología. Y no sé bien en qué momento, sin darme cuenta, cambié muchísimo: me volví la novia más cursi y ridícula desde que se inventó la rueda. Cuando rompí con mi ex, Roco fue el primero que apareció. Llamados por teléfono. Palabras de aliento. Incluso en una ocasión me llevó a pasear. No creo que haya sido una estrategia de su parte. Me parece que no podía verme mal.

Y cuando pude sentirme un poco mejor, un día, Matías no perfecto vino a tomar el té a casa. Roco volvió a desaparecer. Y todo lo demás es historia.


domingo, 15 de marzo de 2009

Yo, la peor de todas


bla bla bla

Prendo la tele y siento un vacío insoportable. No me importa si Cumbio salió en el New York Times, ni la inflación, ni la lucha de Susana Giménez contra la inseguridad. Quiero meterme adentro de la ducha y no salir más. Quiero dormir un día entero.

Quiero que Gastón se conecte al msn.



Ayer a la noche trabajé porque tuve que cubrir a una de mis compañeras. No fue tan malo. Tomé unos daikiris increíbles en la barra. Cuando salí, bastante tarde porque me tenía que quedar hasta el cierre, Gastón estaba afuera esperándome.

Me encantó.

Nico y Mariana, que siguen la historia muy atentamente, me miraron con complicidad. La noche estaba extraña. Hermosa y extraña. Llovía. Dejaba de llover. Y caminamos un poco. Y parábamos y charlábamos. Y seguíamos caminando. Nos reíamos. Un auto pasó y me salpicó. Nos enojamos. Nos reímos de nuevo. Y así, caminando, llegamos hasta su casa.

Abrió un vino. Lo tomamos. Nos empezamos a besar. Los besos cada vez eran más intensos. Y cada vez más. Pero a mí el vino no me cae bien. Siempre termino hablando de más. Me estaba sacando la remera cuando…

Paula:
Pará, pará. No me siento bien.

Gastón:

¿Qué te pasa?

Paula:

No sé. Quiero dormir.

Gastón:
¿Pero qué te pasa? ¿Estás mareada?

Paula:

Es que hace rato que no estoy con nadie. El último fue… Matías. Pero también me estaba viendo con Sebastián. Pero a mí me gustaba más Matías.

Gastón:
¿Eh? ¿De qué hablás?

Paula:

Sí. Salía con los dos porque estaba confundida, porque en realidad me sentía sola.

Gastón:
Jaja. Me parece que mañana te vas a arrepentir de esta conversación.

Paula:

¿Por?

Gastón:
No me tenés que contar todo, Paula.

Paula:
Ya sé.¿Qué? ¿Te molesta?

Gastón:
No. Pero no somos amigos.

Paula:
Tengo sueño.

Gastón:
¿Querés dormir?

Paula (acurrucada en el sillón):
Sí, ¿puedo dormir acá?

Gastón:
Vamos a la cama. Mirá si vas a dormir acá.

Paula:
Pero quiero dormir acá. No me quiero mover.

Gastón:

Jaja. Bueno. Está bien.

Y entonces tuve un ataque adolescente y me puse a llorar de la nada.


Gastón:

¿Qué te pasa?

Paula:

Lo extraño a mi ex novio. No me siento bien.

Gastón:
Sí, yo también la extraño a veces a mi ex. Es complicado. Tranquila. – Y me acarició.

Paula:
Perdoná. Es que yo…. No quiero que viajes.


Y eso fue lo último que recuerdo de la noche. Le reproché lo irreprochable.

El me abrazó y me dijo que era algo que tenía que hacer. Que le encantaba estar conmigo, que iba a extrañar a sus amigos, que su familia lo necesitaba pero que era lo tenía que hacer y un montón de cosas más. Y se ve que mientras él hablaba me quedé dormida.

Al otro día cuando me desperté estaba en la cama. Aparentemente me llevó hasta allá cuando me dormí. Él estaba acostado al lado mío pero sin taparse. Y estaba hermoso. Cuando se despertó, lo noté raro. Traté de hablarle. Desayunamos. Pero estaba raro. Como triste. Y cómo me pareció lo mejor, después de desayunar, me fui.

Sí. Ya sé.



Soy yo, la peor de todas.


lunes, 16 de febrero de 2009

viernes, 6 de febrero de 2009

Jueves de Miércoles


bla bla bla


Y entonces pasó:


Mr. Wrong:
- Paula…

Mr. Wrong te ha enviado un zumbido.

Mr. Wrong:
¿estás?

Paula:

- Sí, acá. ¿Qué hacés?

Mr. Wrong:

- Nada. Todo bien. Quería decirte algo.

Paula:
- ¿Qué?

Mr. Wrong:

- Ya no estoy enojado.

Paula:
- No había razones para que lo estuvieras.

Mr. Wrong:

- No sé. Por ahí estaba enojado conmigo mismo.


Paula:
- Creo que tampoco había razones. Ahora entiendo que fue lo mejor.


Mr. Wrong:

- Soñé con vos un día.

Paula:
- ¿Sí?

Mr. Wrong:
- Nos peleábamos. Nos peleábamos mal. Me levanté con una bronca. No sabés.

Paula:
- Ja. Me voy pero sigo actuando.

Mr. Wrong:
- Jajajaj. No. En serio. Fue un sueño horrible.

Paula:
- ¿Y ahí se te pasó el enojo?


Mr. Wrong:

- No. Resulta que al otro día volví a soñar con vos.

Paula:
- ¿Sí? Me quedo más tranquila. Ahora soy una pesadilla recurrente.

Mr. Wrong:
- Ja ja ja. No. Esta vez no. Soñé que nos amigábamos.

Paula:
- ¿Tan fácil?

Mr. Wrong:
- Sí, así actúa el inconsciente.

Paula:
- Me alegro, loco. No me gustaba la idea de que me odiaras.

Mr. Wrong:
- ¿Pero cómo te voy a odiar, loquita?

Paula:
- Ya sé. Yo tampoco podría.

Mr. Wrong:
- No te hagas la zen.

Paula:
- Lo soy. Aunque con vos me exaltaba un poco.

Mr. Wrong:

- Conmigo no lo podés sostener, dirás.

Paula:
- Claro, me olvidé que estaba hablando con Sr. Buen Carácter.

Mr. Wrong:
- Hola.

Paula:
-¿Me pasás con él?


Mr. Wrong:

- Ja. Entendí.

Paula:
-Ya nos estamos por pelear otra vez. Mejor nos saludamos ahora.

Mr. Wrong:
- Tenés razón. Que sigas bien, loca.

Paula:
- Un abrazo, nene.



Y casi al instante se abrió otra ventana:



Gastón:
- Pau… ¡Volviste!

Paula:
- ¡Sí!


Gastón:

- ¿Cómo estás?

Paula:

- Rara. Me acaba de hablar mi ex después de varios meses.

Gastón:
- No me digas. ¿Sabés qué? ¿Por qué no te invito a tomar algo y me contás bien?

Paula:

- No hay mucho que contar. Sólo eso.

Gastón:

-Bueno… igual te invito a tomar algo. ¿Querés?

Paula:
- Umm

Gastón:
- Dale. No te vas a quedar en tu casa pensando en tu ex.

Paula:

- Estás re distinto. Muy directo. ¿Te cambiaron por otro?

Gastón:
- Ah, viste. Yo también tengo un par de cosas que contarte y necesito hablar con una amiga. ¿Qué decís? ¿Venís?

Y la intriga me pudo más y le dije que sí.


jueves, 8 de enero de 2009

Eterno resplandor de una mente sin recuerdo


bla bla bla

Seguro que te olvidaste… hoy es nuestro aniversario. Quise hacer de cuenta que era un día más pero algo estaba esperando. No sé. No. No estoy llorando. Me alegro que hayas venido a visitarme. Tengo una idea. Hoy no vayamos al trabajo. Faltemos. Si. Si. Hoy es una ocasión especial. Si, ya sé que tenés responsabilidades. Yo también. Pero viste cómo es. Uno nunca sabe. Tal vez el año que viene estamos muy ocupados para esto. Digamos que estamos enfermos. Quedémonos en cuarentena. Sí. Ya sé. Soy una tonta. No tendría que dedicarte ni un segundo pero ya avisé en el bar. Hoy es una fecha especial. ¿Qué? ¿Querés que te cante? Si me decías que cantaba re mal. A mí siempre me gustó cantar pero a veces no cantaba para no molestarte. Y ahora querés que te cante. Hombres. Quién los entiende. No. No. No me pidas perdón. Ya no estoy enojada. Ya te perdoné. No hace falta, te dije. Yo fui muy feliz con vos. Muy feliz. Demasiado. Sobre todo en la época que me mirabas con cara de boludo. Adoraba tu cara de boludo. Tenías la más linda cara de boludo del universo. Si, a mí se me achinaban los ojos cuando te miraba. Ya sé. No. Ja ja ja ja ja. Ahora besame. Umm. Besame otra vez. Es raro. Ya no siento lo mismo. Bueno, tampoco te lo tomes así. No. Por favor. No me empieces a contar otra vez esa anécdota de cuando eras chico. De cómo asustabas a las gallinas de tu abuela. La tenía que escuchar una vez por semana. Dame un descanso. Pero hoy voy a tener que escuchar tus chistes malos sin quejarme. No, no quiero que me lleves a cenar. Quedémonos así. Aja. Si, te dije eso pero te mentí. No fuiste lo peor que me pasó en la vida. Si. Ya sé. Yo también estuve mal. Es más, aunque no me creas, no te quiero ver solo mucho tiempo más. Me da cosa que estés solo. A veces te imagino solo y triste escuchando ese cd con el que te torturabas, con la heladera vacía, como yo, y me dan unas ganas de llorar. Si algo teníamos en común era en la manera en que odiábamos ir al supermercado. Las familias yendo y viniendo. El frío del aire acondicionado. Vos te ponías de muy mal humor. “Quedate acá”, me decías. “No te muevas”. Era como si tuvieras miedo de perderme entre las familias. Quién lo hubiera dicho. Y abro mi heladera y la veo vacía y me dan ganas de llorar. Y no por mí, eh. Por vos. A mí me gustaba verte reír. A veces me acuerdo de tu cara mirándome, así, como con odio. Yo sólo quería verte reír. No sé bien en qué momento nos dejó de salir lo que al principio nos salía tan fácil. Quién lo hubiera dicho. Si, de verdad. En serio. Ya no estoy enojada. Para nada. Es más, te doy la razón en muchas cosas. Umm. ¿Qué me estás proponiendo? No. Ni loca. Ahora ya es tarde. Era cierto todo eso de que tenía mucho por vivir, que no estaba preparada. Pero yo te quería mucho. Te quise mucho. Ahora no. Te dije que no. Hace unos meses que no me quedaba hablando con vos hasta la madrugada. Te acordás de ese día en ese bar horrible. El del papel tapiz espantoso. Yo estaba tan triste y vos te mostrabas tan feliz. Me contabas de tu viaje, de tus cosas y todo lo que pensabas hacer mientras yo te miraba al borde de un ataque de llanto. “Parezco tan feliz que me odiás, ¿no?”, preguntaste. Y te dije que sí. Yo estaba hecha un desastre. Hasta lloraba en público, entendés. Qué vergüenza. Cómo querías que me alegrara de verte feliz. Y ahí te ablandaste un poco: “Yo también te extraño. Hay noches que me abrazo a la almohada y pienso en vos”. Cuando dijiste eso me puse peor. Era muy doloroso imaginarte solo, triste, con la heladera vacía y hablándole a la almohada. Te dije: “Vamos al cine. Es domingo. No quiero estar un domingo así” y me llevaste al cine. Te costaba decirme que no. Me estabas dejando y me llevaste al cine. Eso fue genial. Así se termina una relación. Nada de portazos. Nada de gritos. Pantalla grande, luces y final. Finalmente lloré en una parte en que no pasaba nada. Vos lloraste en la parte que había que llorar. Me gustaba eso. Que a veces llorabas en el cine. Te lo confieso. Te quedaba lindo. Después salimos de la sala y yo fui al baño. Había una viejitas que me miraban. Me miré en el espejo un rato. Era tan obvio. Lo veía tan claro. Ya no era la misma. No hacía falta de que me cortara el pelo, me hiciera una tintura o estrenara unos lentes de contacto. Nunca iba a volver a ser la misma. Los espejos enseguida se dan cuenta de esas cosas. Pero no. Ya no estoy enojada ni triste. Sólo un poco melancólica. Cuando salí del baño me esperabas en las escaleras y salimos de ahí de la mano. Fue la última vez que caminamos de la mano. Pero no hablemos de cosas tristes. Hoy estamos celebrando el noaniversario. Me siento tonta hablándole a la almohada pero no es la primera vez que me hacés quedar como una tonta.

Si al menos tuviera algo en la heladera. Pero no.





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viernes, 19 de diciembre de 2008

Fragmentos de un discurso amoroso(1)


Dos frases que siempre me hacían llorar:
bla bla bla

- Nacemos solos y morimos solos.

- No creo en el amor para toda la vida.


Me las repito a mí misma una y otra vez cada vez que tengo ganas de llamarte como si fuera un suerte de hechizo contra vos. Balas de plata en contra de tu nombre, tus ojos, tu sonrisa. Un collar de ajos para exorcisarme de tu casa, tu ropa y tu teléfono que a veces todavía marco por error.

jueves, 11 de diciembre de 2008

TRISTE CHICA COSMO (2)


o tu médico alemán
bla bla bla

El otro día, después de mi trabajo en el bar, salí con Angie por Palermo y conocí a un alemán. De alemán no tenía nada, salvo el acento. Morocho. Profundos ojos negros. Cuerpo perfecto. Alto. De espalda ancha. Simpático. Un hombre hermoso. Pero convengamos algo: podría haber nacido en San Telmo o Ituzaingó. De alemán no tenía nada. Parecía un pibe de barrio. Con mucho esfuerzo me contó que le faltaba una materia para recibirse de médico y que antes de llegar a Buenos Aires estuvo salvando vidas en África. También me dijo que nació en un pueblo chico de calles angostas, muy mediaveles, que a cualquier porteño de noche le erizaría la piel. Por los vámpiros- le contesté, como si tuviera alguna lógica. Él se rió. Ahí me di cuenta que yo le gustaba.
Angie hasta fantaseó que por ahí me enamoraba y me iba a vivir a Berlín. Yo no fantaseé tanto pero la verdad que el alemán me gustaba y le dejé mi celular.
Al otro día me despertó un sms:

SMS MEDICO ALEMAN
¿Llegar bien a tu casa, che? Yo re bien. ¿Vos quieres que te llame para hacer un plan?

(No sé por qué los extranjeros enseguida dicen che y boludo todo el tiempo).

Le contesté que sí, por supuesto.

Me invitó a un lugar de comida mexicana. Comer comida mexicana con un alemán. Sentí que finalmente me había llegado la globalización.
Pero la cita fue un fracaso. Y la arruiné yo.

Estoy convencida de que Matías es una plaga, una maldición, una abominación del Apocalipsis. Me lo encontré otra vez de casualidad cuando estaba por tomar el tren para ir hacia el alemán de mis sueños. Me puso mal.
Ahí estaba con el alemán adelante mío, que trataba de superar las barreras idiomáticas con su simpatía, y yo, con la cabeza apoyada en contra la ventana, mirando hacia afuera.

MEDICO ALEMAN:

- ¿Te pasa algo, boluda?

PAULA:

- Mí no pasar nada.

Terminamos de comer y el alemán, que seguro que se aburrió mucho, se tomó un taxi. Fue muy cortés. Lástima que yo estaba en otra. Pensaba en alguien más. Al otro día me volvió a mandar un mensaje que contesté sin entusiasmo. No volvió a escribir. Pero esa noche me volví a mi casa, sola, y es tan terrible volver sola a veces.

¿Será posible que Matías arruine todos mis planes con sus apariciones azarosas?
No sé bien que fue lo que me dio tanta tristeza de la situación de encontrarlo a Matías. Ni en mi adolescencia, cuando vivía en un pueblo chico, me encontraba tanto con alguien de casualidad. Pero no era por eso la tristeza. Creo que sentí, muy dentro de mí, que esa era la última vez que lo veía.

¿Y si en realidad me gustaba? ¿Y si sentía algo al final? Me acordé de la película “El amante”. No sé si la vieron. Me sentí así. Como esa joven de quince años que en el medio del océano descubre un sentimiento que tal vez tenía por alguien que trataba con indiferencia. Y el océano es tan oscuro. Es tan inconmensurable. ¿Y yo? ¿Y él? ¿Y yo?

¿Y él?

Nos encontramos de casualidad en la estación. Yo lo chisté y él se dio vuelta.

Matías:

- Hola, Pau.

Paula:
- Hola.

Matías:

- ¿Me acompañás a sacar el boleto?

Cuando llegó el tren, nos subimos y nos quedamos parados aunque había asientos libres. Hablamos de cualquier cosa como si nada. Yo me bajé. El siguió. Cuando me bajé abrió un libro y bajó la mirada.

La última vez que lo vi a mi ex fue igual. En el tren. El bajó. Yo seguí. Ni miré cuando se bajó.

Siento que los rieles atrapan uno a uno mis amores y delante de mis ojos se los embulle.

Estoy convencida de que inevitablemente un día voy a conocer al hombre que se baje conmigo en la misma estación. Pero hay días que me desespera no saber cuándo



vamos a tomar el mismo tren.



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viernes, 28 de noviembre de 2008

La Naty

Su imagen es un arquetipo
Bla bla bla

Este post es una excepción porque voy a hablar de una mujer, pero es una idea que me anda dando vueltas como un perro sarnoso.

La Naty era la novia de Javier, el primo de una amiga. Habían empezado muy enamorados. Eran una pareja muy armónica. Ella era una mina buena, de esas que distinguís a simple vista. Tenía mucha sensibilidad. Amaba la música, ayudar a los demás, y sobre todas las cosas, a Javier.

Fue ella quien lo alentó para que empezara una nueva carrera que lo hiciera más feliz. Lo desestructuró considerablemente. Hizo que participara en proyectos sociales, que le dedicara tiempo a las cosas que le hacían bien.

La Naty hizo que Javier se relacionara mejor con los demás y fuera más considerado. Antes era un tipo extremadamente egoísta. En definitiva, fue ella quien lo ayudó a volverse mejor persona.

Pero Javier no estaba preparado para La Naty. No sé bien en qué momento de la relación comenzó a retroceder todos los pasos que había dado hacia delante. Ella, después de varios años de noviazgo, quería que se fueran a vivir juntos, que formaran una familia. Estaba enamorada perdidamente de él. Sin embargo, sin demasiado espamento, de un día para el otro, él la dejó.

La Naty se fue de la vida de Javier con el corazón destrozado.

La historia no termina acá porque continuó en el recuerdo de Javier. Cada vez que lo veo y empieza a enumerar sus historias, su chica actual, alguna relación ocasional, siempre aparece La Naty. Creo que Javier es consciente de que dejó ir a la mejor mujer que jamás va a conocer. Cuando la nombra le brillan los ojos. Le cambia la cara. Siempre se va a plantear que hubiera pasado si…

- La Naty, pero La Naty, que gran mujer- dice y después sigue hablando de otra cosa.

Su excusa: no estaba listo para resignar sus proyectos individuales. Pero yo creo que sobre todo la ruptura fue porque tiene la firme decisión, como muchos hombres, de que se va a casar recién a los cuarenta.

A mí no me gusta esa actitud calculadora de Javier con las relaciones. Pero detesto más la decadente incondicionalidad de La Naty porque su imagen es un arquetipo.

La Naty representa a muchas, muchas mujeres que invierten sus sueños en una relación que jamás va a funcionar.

La odio sobre todo porque yo también fui La Naty. Una mujer que amó, patética e incondicionalmente, al hombre

equivocado.

viernes, 7 de noviembre de 2008

TRIANGULO DE AMOR BIZARRO

Matías, Sebastián y yo
bla bla bla

El accidente de Mr. Wrong, que no quiera verme, me volvió a afectar. Otra vez me la pasé acostada mirando el funesto vuelco que dio mi vida este año cuando perdí mi estable trabajo junto con mi estable pareja. Mis sueños estables junto con mis estables ganas de vivir. Otra vez revivir el dolor con todas sus caras, pero con la diferencia de que tengo una certeza: esta vez no iba a ir a su casa ni tocar su timbre por muy preocupada que me haya quedado. Si hablar con él me hace mal, verlo otra vez no me parece una buena idea. Al menos no hasta que no me afecte tanto sus cambios de estado.

Pero Sebastián no supo lo de Mr. Wrong y siguió llamando. Di tantas excusas, algunas tan inverosímiles, y no pude decirle: “Estoy mal por mi ex”. No da. No daba. Sin embargo, tenía ganas de verlo a Matías. Qué contradicción. Se me rompió la computadora y me puse a llorar. Empecé a revolver papeles mientras tiraba cosas viejas de mi ex y encontré el teléfono de mi psicóloga. La volví a llamar para retomar la terapia. No estaba. Le dejé el mensaje. ¿Qué hice con mi vida? ¿Qué pasó? ¿Cómo todo se me fue de las manos así?

La llamé llorando a Julia, una de mis amigas más cercanas:

Julia:
Pau, ¿por qué no atendías el teléfono?

Paula:
Estoy medio mal.

Julia:
¿Qué pasa?


Paula:

Mi vida. No sé que le pasó.


Julia:

Sabés que te está deprimiendo a vos.

Paula:
¿Qué?

Julia:
Sebastián. Ese chico te deprime porque no te gusta, pero estás tratando de que te guste igual.

Paula:
No es que no me gusta, pero sí, creo que no me gusta.

Julia:
Estás haciendo lo que siempre hago yo. El triángulo.

Paula:
¿Qué?

Julia:

Un pibe que me gusta pero no me da mucha bola. Aparece otro pibe que se muere por mí pero a mí no me gusta tanto.

Paula:
Pero a mí Matías no me gusta demasiado tampoco.

Julia:
Pero te gusta más que Sebastián, es obvio.

Paula:
Porque con él es más tranqui. Es más comodo. Pero Sebastián me gusta también, lo que pasa que ahora yo no estoy muy alineada con lo que él siente.

Julia:
Porque en este momento no estás para algo serio y te sentís presionada. Sobre todo porque todavía no cerraste lo de tu ex. Y bueno, ninguno es el hombre de tu vida. Relajate.

Paula:

Creo que es precisamente lo que necesitaba escuchar. Por algo te llamé a vos.


----------

SMS de Sebastián:

¿Y? ¿Vamos al cine a la tarde?

SMS de Paula:

Tengo que ir a una entrevista de trabajo.

SMS de Sebastián:

Bueno, suerte.

--------

SMS de Paula:
Matías, ¿nos vemos hoy un ratito?

SMS de Matías:
No soy un objeto sexual.

SMS de Paula:

No sabía que te sentías así. ja. La próxima vez te tomo la mano y te miro a los ojos.

SMS de Matías:

Novelera.

SMS de Paula:
Decime melodramática.

SMS de Matías:
Hoy no puedo. Un besote.

Ok. Sabía que me iba a pasar. Sin el pan y sin la torta. Era obvio. Pero aún así todo esto, tan Montaña Rusa reload, me puso de buen humor.

Y toda la tarde me la pasé tarareando nuestra vieja canción.





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