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jueves, 17 de septiembre de 2009

Uy, Qué vergüenza


bla bla bla


Sarita metió la pata. Me preguntó adelante de Alan y Fabián si Diego me había mensajeado.

Alan:
-¿Diego te pidió el celular? ¿En qué momento?

Fabián:
-¿Y vos se lo diste?

Paula:
-Chicos, tranquilos. Ni me escribió.

Sarita:
-Uy. Me parece que la cagué, ¿no? (con esa risita de chanchito característica). ¿Era un secreto que te gusta Diego?




Alan y Fabián se miraron de reojo y yo me quise hundir dentro de la pc.



*Por otro lado, dejemos de lado la oficina y hablemos del mundo virtual: Gracias a la gente de Maybelline por invitarme al evento donde estuvo Nicole, que es muy alta y flaca. Qué envidia. El labial que me traje es divino y muy para el día. Y gracias a Elen por ser tan copada y no juzgarme después de todas las copas de vino que me tomé, ja.
Después también le quiero agradecer a Pablo por recomendar este blog en el Acople. Y ya que está, a la gente de Minuto Uno que puso a Hablemos mal de los hombres en los blogs recomendados.

viernes, 11 de septiembre de 2009

After After Office


bla bla bla

El escenario del after office es un escenario diferente. La gente que hasta hace una hora era seria y callada comienza a mostrar su lado oculto. Los tipos se desanudan la corbata. Hay algunos que hasta se la sacan. Las chicas se sueltan el pelo y se pintan un poco más. Mucha chomba y look ejecutivo. Una cerveza que viene, una cerveza que va. En un rato todos están más alegres. Ya se olvidaron de si el mail llegó o no. Si escucharon el mensaje. Si se decidirán con ese aumento de una vez.

Ese día fui con Fabián al bar después del trabajo. Vanesa todavía no había llegado. Las chicas que ni me miraban se me acercaron a hablar y me cayeron muy bien. Sobre todo me hice amiga de Sarita. Una chica muy graciosa que está al tanto de todos los chismes de la empresa. Cuando llegó Vanesa todas se fueron hacia donde estaba ella pero Sarita se quedó conmigo. En pocos minutos me enteré que Martín y Diego resultaron ser mejores amigos de la infancia y que Martín salía con la recepcionista del segundo piso, Lorena, y que se pelearon hace muy poco porque Lorena lo engañó con otro.

Paula:

-¿Cómo?


Sarita:

-Sí. Le metió los cuernos con otro.


Paula:

-¿Y él como se enteró?


Sarita:

-Le revisó el celular.


Paula:

-¿Le revisó el celular?


Sarita:

-Sí. Venía sospechando.


Paula:

-Eso es re de mina. Lo de revisar, digo.

Sarita:

-Un poco – Y largó una risa muy graciosa, chanchito, que me tentó demasiado.


Sarita:

Sí, ya sé. Tengo una risa muy rara.


Paula:

-Me encanta.


Sarita:

-¿En serio? – Me miró con complicidad- ¿Tomamos otra más? – Llama al mozo.

Paula:

-Dale.


Sarita:

-Bueno,¿ cuando me vas a contar que te gusta Martín?


Paula:

-¿Cómo me va a gustar si recién lo conozco? Lo mismo que Diego. Es imposible que me guste ninguno de los dos si sólo hablé con ellos dos palabras.


Sarita:

-Aja. Bueno. Me parece que tenés que elegir uno. Para que te cuento más de cada uno así tanteás el terreno…


Paula:

-¿Y vos?


Sarita:

-Yo me muero por Alan pero no me da bola. ¿No es lo más lindo que hay?

Cuando Fabián se nos unió cambiamos de tema. Las siguientes horas no paramos de hablar los tres hasta que fue la hora de la torta. En ese momento nos acercamos al grupo.


El mejor momento fue cuando Diego se acercó, charlamos un rato y me pidió el celular. Martín me ignoró de manera rotunda.


Después del brindis, cada uno volvió para su casa.


Los días siguientes pasaron más o menos así. Como Sarita y yo trabajamos en distintas secciones, estamos esperando ansiosas que termine el día ir a hablar al bar. Creo que me hice una amiga.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Relaciones Laborales (3)


bla bla bla

Paula:

-¿Vos sos Martín? ¿El del cumple?


Martín:

-Sí.


Paula:

-Feliz cumpleaños, entonces.


Martín:

-Gracias. Cumplo 29.


Paula:

-Bueeeena edad- le contesto medio tartamudeando.


Diego:

-Qué lindos zapatos – señala Diego.

Paula:

-Gracias. Son… Son zapatos de emergencia. Me hicieron mal los otros- les digo, avergonzada.

Ellos se sonríen. Martín Darcy es morocho y de estatura media. Tiene ojos negros y dientes perfectos. Diego Redford es alto y rubio. Tiene el pelo enrulado y los ojos marrones y una sonrisa desprolija pero alegre.

Diego:

-¿Te vemos más tarde?


Paula:

-No no no no sé. No creo.


Pero justo llega Fabián a la oficina. Vuelve después de estar todo el día afuera.


Fabián:

-¿Cómo que no? Obvio que vamos.


Yo le sonrió y asiento con la cabeza.


Paula:

-Nos vemos ahí.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Relaciones Laborales (2)


bla bla bla

El jueves de la semana pasada fue un día intenso. Me levanté un rato más temprano a elegir la ropa para ir después del trabajo con la gente de la oficina a un barcito que queda muy cerca. Me puse un vestido negro, neutro y elegante, y elegí la ocasión para estrenar unos zapatos que me compré en liquidación por Santa Fé. Salí de mi casa confiada de que iba a poder revertir los efectos de la mala onda que estuvo a la orden del día desde que entré a mi nuevo trabajo. Pero apenas llegué me di cuenta que todo eso iba a ser imposible.

Alan se había pedido el día porque tenía que ir al dentista y a Fabián lo mandaron a otra empresa a cerrar una cuenta. Ahí estaba yo, sola para enfrentar a la bruja de Blair.

El día de oficina no estuvo tranquilo. Yendo y viniendo. Subiendo. Bajando. No paré más o menos hasta la hora de la merienda. Cuando me di cuenta que me dolían los pies y me saqué los zapatos, noté que tenía algunas zonas del pie en carne viva. Eran las secuelas de los zapatos nuevos. Nunca me habían lastimado tanto un par de zapatos. No podía volver a calzarme de tanto dolor, cuando se acerca Vanesa.


Vanesa:

-Paula… Dice Fernando que lleves esta carpeta al piso al cuarto piso.


Paula:

- (Desganada) Bueno, Ahí voy.


Vanesa:

- Ah… me olvidé de decirte que están arreglando el ascensor.


Tenían que haber visto mi cara.

Evalué la situación y mandé al cadete de mi sector a que comprara un par de alpargatas a un negocio de la vuelta. Esperé a que volviera. Le dejé el cambio. Me puse las alpargatas, metí los zapatos nuevos en una bolsa y subí hasta el cuarto piso. Estas cosas no le pasan a Carrie Bradshaw porque sus zapatos son de Jimmy Choo y no tiene mi economía tercermundista.

Para cuando bajé el ascensor andaba otra vez.

Ya había desistido de toda intención de cualquier interacción después de la oficina cuando se me acerca el chico del cumpleaños a saludarme.

- Hola, yo soy Martín - Me dice.

Atrás de él aparece otro que también me saluda.

-Y yo soy Diego.

Esta situación no me la esperaba ni como la más remota posibilidad. Fue así. Como si me diera la luz del flash justo en la retina. A primera vista. Así de cegador.

¿Alguna vez se enamoraron de dos chicos a la vez?



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