No preguntes por quién doblan las campanasbla bla bla
El domingo pasado, cuando llegué a mi casa, justo en el ínterin en el que meto las llaves y paso el hall de entrada, bajan una camilla con un cadáver. Le pregunto al portero “qué pasó”, mientras retira el cuerpo una mujer policía con la cara afligida. “Se suicidó el señor del 5to.”, me contesta muy triste. No sé por que yo había pensando que era una mujer el cuerpo que estaba cubierto. Ahí nomás me enteré que era un hombre, que un día antes estuvo viviendo en mi mismo edificio, un extraño cercano, que se habrá tenido una vida llena de cosas buenas, de cosas malas, y que decidió acabar con todo un domingo de primavera, mientras desobedecía abiertamente la prohibición de Alejandro Casona.
Ante mi relato cada una de mis amigas reaccionó a su modo:
Julia:
- ¡Qué clisé! ¡Matarse un domingo! Si yo me suicido me voy a suicidar un lunes.
Cecilia:
- Bueno, al menos no escuchaste el tiro.
Andrea:
- ¡Qué olor a fiambre!
Angy:
- Qué triste. ¿Lo conocías?
Y pasó. Pasó. El portero sonríe. La gente sube y baja por el mismo ascensor donde descargaron el cuerpo. Nadie ya lo recuerda. Al otro día me enteré que una de mis amigas del secundario está embarazada. Digamos que de eso se trata el ciclo de la vida.
Sin embargo, de vez en cuando lloro por ese extraño que jamás conoceré. Quizá intercambié alguna frase como “Qué día horrible”, “Otra vez subieron las expensas”. No lo sé.
Hoy en la oficina mientras estaba tipiando me llega un mensaje de Gastón.
SMS de Gastón:
¿Estás bien?!! ¿Qué pasó?!!”
SMS de Paula:
- Nada. ¿Por?
SMS de Gastón:
- Por el mensaje de anoche.
Miro mi bandeja de salida y lo leo. Anoche mandé un mensaje del que no tengo memoria alguna a mi ex “no se qué cosa” que además vive en otro país. El sms decía: “Tengo miedo”.
Lo habré escrito justo antes de dormirme. En el momento previo al sueño incluso suelo hablar y no recordar nada al otro día pero jamás (lo juro) había mandado un mensaje. Y mucho menos, un mensaje tan revelador. Y me sentí sola. Y tuve que ir al baño a llorar por tener miedo de noche y dormir con la luz prendida como si tuviera 8 años. Y, para colmo de males, necesitar a alguien que está tan lejos.
