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viernes, 9 de octubre de 2009

La oscuridad y yo

No preguntes por quién doblan las campanas
bla bla bla

El domingo pasado, cuando llegué a mi casa, justo en el ínterin en el que meto las llaves y paso el hall de entrada, bajan una camilla con un cadáver. Le pregunto al portero “qué pasó”, mientras retira el cuerpo una mujer policía con la cara afligida. “Se suicidó el señor del 5to.”, me contesta muy triste. No sé por que yo había pensando que era una mujer el cuerpo que estaba cubierto. Ahí nomás me enteré que era un hombre, que un día antes estuvo viviendo en mi mismo edificio, un extraño cercano, que se habrá tenido una vida llena de cosas buenas, de cosas malas, y que decidió acabar con todo un domingo de primavera, mientras desobedecía abiertamente la prohibición de Alejandro Casona.

Ante mi relato cada una de mis amigas reaccionó a su modo:

Julia:
- ¡Qué clisé! ¡Matarse un domingo! Si yo me suicido me voy a suicidar un lunes.

Cecilia:
- Bueno, al menos no escuchaste el tiro.

Andrea:
- ¡Qué olor a fiambre!

Angy:

- Qué triste. ¿Lo conocías?


Y pasó. Pasó. El portero sonríe. La gente sube y baja por el mismo ascensor donde descargaron el cuerpo. Nadie ya lo recuerda. Al otro día me enteré que una de mis amigas del secundario está embarazada. Digamos que de eso se trata el ciclo de la vida.

Sin embargo, de vez en cuando lloro por ese extraño que jamás conoceré. Quizá intercambié alguna frase como “Qué día horrible”, “Otra vez subieron las expensas”. No lo sé.

Hoy en la oficina mientras estaba tipiando me llega un mensaje de Gastón.

SMS de Gastón:
¿Estás bien?!! ¿Qué pasó?!!”

SMS de Paula:
- Nada. ¿Por?

SMS de Gastón:
- Por el mensaje de anoche.

Miro mi bandeja de salida y lo leo. Anoche mandé un mensaje del que no tengo memoria alguna a mi ex “no se qué cosa” que además vive en otro país. El sms decía: “Tengo miedo”.

Lo habré escrito justo antes de dormirme. En el momento previo al sueño incluso suelo hablar y no recordar nada al otro día pero jamás (lo juro) había mandado un mensaje. Y mucho menos, un mensaje tan revelador. Y me sentí sola. Y tuve que ir al baño a llorar por tener miedo de noche y dormir con la luz prendida como si tuviera 8 años. Y, para colmo de males, necesitar a alguien que está tan lejos.

jueves, 30 de julio de 2009

La ley del desapego


bla bla bla

Mr. Wrong podía ser extremadamente dulce por momentos. El había descubierto mi debilidad por sus medias. Uno de sus últimos regalos fue unas medias de lana de llama, de esas que se traen de Bolivia, infalibles para el invierno. Y yo, que antes de la separación siempre detesté los regalos simbólicos, solía usar esas medias todos los días, hasta que llegó el verano, y como hace la gente que quiere olvidar, entre las cosas de mi casa, las perdí.

Desde que se fue Gastón, casi como un acto masoquista, también me pongo sus medias. No son tan infalibles al frío del invierno. Tampoco son naranjas. Son unas medias de toalla blanca, con las puntas gastadas. Aún así, a la noche, antes de dormir, sus medias y yo nos encontramos. Sólo que ya no sé si me abrigan.

Por eso decidí tirar todas mis medias. Las medias que robé. Después de todo, hay veces que me cuesta cerrar el cajón.

Además, no sé por qué, presiento que la primavera no está tan lejos.


viernes, 26 de junio de 2009

El tema de las citas (1)


bla bla bla

Cuando recién salimos de una relación, ¿Qué es lo mejor? ¿Empezar inmediatamente a salir o dejar pasar un tiempo para salir con otra gente?

Mi amiga Cecilia es una gran organizadora de la vida de los otros. Estuvo leyendo mis últimos post y me llamó por teléfono, alarmada.

Cecilia:

Paula, querida…

Paula:

Qué pasa?

Cecilia:

A ver… ¿Cuándo nos empezamos a deprimir otra vez?

Paula:

No estoy deprimida.

Cecilia:

A ver… ¿Hoy que hiciste cuando volviste del trabajo?

Paula:

Me acosté a dormir.

Cecilia:

¿Y ayer?

Paula:

Me sentía mal y…

Cecilia:

...te acostaste a dormir.

Paula:

¿Qué? ¿Dormir mucho es el indicio de algo?

Cecilia:

de depresión, mujer

Paula:

No estoy deprimida. Sólo estoy reflexionando mucho sobre mi vida…

Cecilia:

Eso es depresión. ¿Cuándo viste que la gente feliz se tire a la cama a reflexionar? Yo te aviso. El viernes tenés una cita con mi amigo Santiago.

Paula:

Olvídate. No estoy para citas.

Cecilia:

¿Cómo que no estás para citas?

Paula:

No. Quiero estar sola por mucho tiempo.

Cecilia:

Cagamos.

Paula:

¿Qué?

Cecilia:

Me das miedo. No te quiero ver otra vez como cuando…

Paula:

Ya pasó eso.

Cecilia:

No te quiero ver mal. Pensá que vos sabías que Gastón se iba y…

Paula:

No te preocupes.

Cecilia:

Bueno, pero no perdés nada si el viernes lo conocés a Santiago. No es un pesado. Es divertido. Yo le conté de vos y…

Paula:

Cómo que le contaste de mí? No te autorizo. Yo ahora no quiero salir con nadie. No tengo ganas.

Cecilia:

No sólo le conté de vos sino que le mostré tu blog y quedó embobado.

Paula:

¿Mi blog?!!!! ¡Estás loca!

Cecilia:

Pero le encantó. Te quiere conocer. Me está volviendo loca.

Paula:

Pero yo no lo quiero conocer a Santiago.

Cecilia:

Dice que sos muy inteligente y que le encanta tu sentido del humor. Que ya se leyó todo el archivo entero.

Paula:

¿Y me quiere conocer?

Cecilia:

Si.

Paula:

Pero seguro que todavía no pasé la prueba del facebook.

Cecilia:

Ah sí. La pasaste. Ya le mostré fotos tuyas. ¿Te paso su blog?

Paula:

Yo no quiero ninguna cita, ahora. De verdad. Prefiero que el viernes miremos otra vez Lost in Translation.

Cecilia:

Ah no. Yo otra vez no la miro. ¿Por qué no querés conocerlo a Santiago?

Paula:

¿Y por qué no saliste vos con Santiago? Si no saliste vos con Santiago es porque algo tiene.

Cecilia:

Somos amigos de la primaria.

Paula:

Con más razón.

Cecilia:

Te quiere conocer a vos.

Paula:

Pero yo no estoy para citas. Y punto. No se habla más del tema.

Y me acosté a dormir.

martes, 23 de junio de 2009

Autocrítica


Hablemos mal de mí
bla bla bla

El viaje de Gastón me hace pensar mucho. Mucho en mis antiguas relaciones. Ojala hubiera podido despegarme con tanta facilidad de mis otras parejas pero la verdad es que siempre llevé mal las rupturas. Supongo que haber tenido esta experiencia con él me va a ayudar a aprender un poco sobre los tiempos de cada uno y las vueltas del destino sin tratar de entenderlos. Aunque me pone triste, lo acepto. Era así. Tenía que ser así.

Pero cuando terminé mi relación más significativa no lo manejé bien. De hecho, lo manejé muy mal. Lejos de aceptar que la relación no funcionaba como una mujer madura lo hubiera hecho, tuve actitudes que dejaban mucho que desear. No las voy a enumerar acá, ahora, porque sinceramente me dan vergüenza. Vergüenza ajena porque no me siento identificada para nada con esa mujer desbordada con la que no se podía dialogar. De hecho, está tan lejos esa mujer de mí que no puedo volver a esos recuerdos. Están sellados en algún lado que me da mucha angustia. Lo que me horroriza no fue la situación de ruptura sino haber perdido el control. El mismo control que perdemos cuando recién nos enamoramos.

Cuando recién nos enamoramos tenemos miedo. A veces más miedo que cuando nos enfrentamos a la incertidumbre de separarse. Una de mis mejores amigas está en pleno momento de enamoramiento. El hombre perfecto llegó a su vida. Lo dice abiertamente. “Con él me quiero casar y tener hijos”. Mi amiga no es una mujer de hacer afirmaciones de este tipo. Es más bien de las que prefieren quedarse en su casa leyendo un libro al lado de su perro. Su cambio de actitud sería sorprendente hasta para Charlotte. El otro día me decía, muy alarmada: “Yo no puedo soportar estar en una relación donde yo sea la que está más enamorada”. Tiene miedo. Está aterrada. Preferiría salir corriendo que quedarse al lado del hombre de sus sueños.

Mi respuesta fue sabia. Siempre soy sabia en los asuntos ajenos. “El tema es que ahora sólo podés quedarte ahí y que él decida”. Ella sonrió y se relajó un poco.

Supongo que eso es lo que más me duele de mi relación con mi Mr. Wrong. Que él decidió que yo era la mujer equivocada.

Y más que eso, lo que más me duele, es que lo era de verdad. No estaba preparada para una relación que implicará un compromiso tal como el que teníamos. Aceptar que yo y todas esas actitudes que ni siquiera puedo enumerar por pudor, formamos parte de esa historia de separación tan dolorosa, es la tarea que más me cuesta hasta ahora. Tuve que conocer a varios payasos después de él para entender que tal vez él era el príncipe pero

la que tenía la nariz roja era yo.


lunes, 22 de junio de 2009

Extrañar.com


bla bla bla

Yo no tengo que ir al casamiento de mi hermana ni mi madre hizo una apuesta sobre mi soltería, pero tengo un problema más terrible: todas mis amigas en este breve lapso se pusieron de novias. Tendría que estar contenta por ellas. Y lo estoy. Pero la verdad es que los fines de semana me aburro terriblemente.

Ya no me motivan las fiestas estridentes pero ir a cenar me parece de viejos.

Ir al cine sola, actividad que siempre me volvió loca, de golpe me parece de solterona empedernida.

Se acerca mi cumpleaños nº…, bueno, qué importa. Cuestión que extraño a todos. Lo extraño a Gastón, a Matías, y a mi Mr. Wrong. Cuando se acerca mi cumpleaños me vuelvo insoportable.

Angie me dice que es medio raro lo que le digo. "¿Cómo que extrañás a todos? Tenés que extrañar a uno por vez”. Pero yo siento que una masa de extrañamiento que me aplasta. Y aunque suene infantil, los extraño a todos.



(Menos a Roco porque siempre me escribe).



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jueves, 18 de junio de 2009

Despegar.com


bla bla bla

Se despegan
los que regalan. Los que se entregan. También se despegan los ojos. Y a veces se despegan nuestros labios cuando hablamos o cuando decimos lo que no tenemos que decir. Cuando perdonamos ¿pegamos otra vez?. Cuando rompemos ¿despegamos?

El sábado a la mañana recibí un sms de Gastón.

Gastón:

-¿Estás en tu casa?

Paula:

- Acá estoy.

Gastón:

- Haceme un lugar debajo de la frazada.

A los 10 minutos tocó el portero. Haciendole caso a mi estómago, me levanté y preparé el desayuno. Cuando subió no le dije nada. Le serví café. Comimos medialunas. No discutimos. ¿Para qué? Fue como un pacto implícito. Nos abrazamos, nos besamos y, desde ahí, nos pegoteamos hasta el lunes que yo me fui al trabajo. De alguna manera, él ya había empezado su viaje: renunció al trabajo, se despidió de sus amigos y se estaba despidiendo de mí.

El fin de semana vivimos literalmente debajo de las frazadas. Miramos películas muy cerca uno del otro.

Como si tuviera un mapa, él me conoce. Es increíble cuánto me conoce en tan poco tiempo. Como si yo tuviera un mapa, yo lo conozco. Aún así, podemos pasar horas intentando descubrir un nuevo gesto, una nueva palabra. Supongo que se trata de eso. Curiosidad. De alguna manera todos actuamos por curiosidad.

Y sí. Fue la reconciliación y fue la despedida. Y si no fuera por esa química instantánea que se tiene con tan poca gente pero que yo tengo con él. Esas ganas de tocarse, olerse, comerse a besos y empezar otra vez. Y si no fuera por…

Todavía no se fue y ya empiezo a extrañarlo. Quiero llorar pero no puedo. Sólo tengo la sensación de que no está todo dicho. Que sólo el tiempo… pero todo eso me parece algo dicho una y mil veces, un discurso gastado para cubrir a la soledad.

Aunque Gastón viaja hoy, premeditadamente, el martes nos vimos por última vez. Preferimos que fuera así, para que fuera más sencillo. Ninguno de los dos cree que sea posible el amor a distancia, así que tampoco hablamos de futuro. Yo lo dejo ir. El me deja ir.

Pero mientras estábamos en la cama, él se daba vuelta y se destapaba. Yo lo miraba y pensaba en todas las significaciones del verbo despegar.

Se despegan dos cuerpos que están juntos.

El doblaba su almohada.

Se despegan las estampillas, el chicle…

Respiraba con ese ritmo lento de los recién nacidos.

Se despegan también los pies de la tierra. El papel. Los imanes de la heladera.

Me miraba de reojo de vez en cuando y volvía a decidir que tenía que hacer fiaca un rato más.

Se despegan los que se desprenden de un objeto. Los que prefieren apartarse.

El me sonrió y sentí el impulso, lo tomé de la cara y lo besé.

Gastón:

- Cuanto me va a costar despegarme de vos, Pali.

Paula:

- A mí también.

Y nos abrazamos un largo rato, sin hablar.


Despegar es lo que hacen los aviones.

Lo que hace uno cuando internamente sabe que tiene que empezar a olvidar.

martes, 9 de junio de 2009

El corazón es un músculo sobredimensionado


bla bla bla

Mi amiga Mady, cuando tiene que tomar una decisión, no le pregunta a su corazón sino a su estómago. El estómago es menos dramático. Se mueve por las leyes de la causa y el efecto. El estómago no se apega. El estómago no sujeta. El estómago sabe más sobre viajes. Idas y Venidas. Malestares y mariposas. El corazón, en cambio, es un músculo sobredimensionado. Para entender a un hombre no se puede analizar sus ojos ni sus manos. Ni mucho menos su corazón. Habría que ensuciarse las manos y analizar sus vísceras. El corazón, ya lo dije, es un músculo sobredimensionado.

Y acá estoy, preguntándole a mi estómago, qué tengo qué hacer. Si es que hay algo que hacer todavía.



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miércoles, 3 de junio de 2009

Tenemos que hablar (2)


bla bla bla

Tenía ganas de contestarle a Gastón que su mail me derritió. Jamás me habían demostrado tantos sentimientos juntos sin decir casi nada. Lo analicé y lo analicé de mil maneras. Yo no soy perfecta y él tampoco. Qué bueno. Pero no contesté el mail ni el teléfono. Fui directamente a su casa.

Me atendió sorprendido pero me abrazó como por media hora. Había un par de amigos en su departamento y entonces fuimos a un bar. Ahí me pidió perdón personalmente y yo respetuosamente lo escuché. Aunque no lo crean yo fui hasta ahí para decirle que estaba todo bien… pero cuando estaba ahí no pude.

El me tomó de la mano y me dijo que no quería perderme por esa actitud de cobarde que tuvo. Y casi lloró. Fue entonces que tuve este nudo en la garganta, y esa sensación de que los hombres lloran cuando saben que lo tienen que hacer. Y sentí mucha desconfianza de esas lágrimas, porque conozco bien a esos hombres llorosos que hacen lo mismo a los dos días. Y sentí que las cosas no estaban bien si él se va y yo me quedo. Eso es la única realidad. Por más que le dijera que estaba todo bien ¿Estaba todo bien? ¿Y mis sentimientos qué?

Yo era la que había bajado las defensas, la que dejé que las cosas fluyeran porque había creído que teníamos algo especial. Y decir especial es berreta, ya sé, pero yo también tengo mis momentos que busco conexión, momentos en los que soy una buscadora de belleza. Y con él pensé, qué tonta, que había conexión y había belleza, y desapareció por unos días sin que no le importara lo que yo tenía que decir. Y le dije todo eso y saqué mi enojo. “Me decepcionaste”- le dije, y es verdad. “Te vas en unos días” – le dije- “¿Para qué seguir?”.


Y entonces lloramos los dos y creo que ya no tuvimos nada de que hablar.


martes, 2 de junio de 2009

Tienes un e-mail (3)


bla bla bla

Paula:

Hoy estuve hablando con mi mejor amigo del tema. Nunca hablo con él de cosas personales salvo que sean muy importantes. Me dijo que era un tarado. Y antes de que me lo dijera, yo ya me había dado cuenta. Esto no es sólo una disculpa. Me voy en dos semanas. Estoy nervioso, angustiado. Tengo miedo de lo que me espera. Tengo miedo de estar tomando la decisión equivocada. Y encima, conocí a esta chica dulce y simpática, que se le hacen dos pocitos divinos en la cara cuando se ríe. Habla un montón. Se ríe todo el tiempo. Le gusta cantar a la mañana. Todo el tiempo me pregunto que hubiera pasado si la hubiera conocido antes. Siempre se anota en cursos extraños que abandona a la mitad. Es muy rara. No le pone queso rallado a los ravioles. Pasa horas delante de la computadora. Escribe sin mirar las teclas. Llora con la misma facilidad con la que se ríe. Le miente a todo el mundo sobre su edad. Le gusta mirar los dibujitos. ¿La conocés? Si la conocés ...¿le decís que me atienda el teléfono?

Besos, Pali.

Perdón.



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lunes, 1 de junio de 2009

Tienes un e-mail (2)


bla bla bla

Mientras copypasteo esta seguidilla de mails estoy tomando un té para sacarme este nudo en la garganta:

Gastón:

¿Me vas a decir que te pasa? No sé nada de vos y me parece que nos debemos una charla. Yo entiendo que debe ser muy movilizante tener que armar una valija para dejar el país. Darle un giro así a tu vida. Pero bueno, por mi parte quiero que sepas que te entiendo y que conocerte me ayudó mucho y que desde el principio sabía donde me metía. Ahora, la verdad, me extrañó que el sábado no me mandarás ni un mensajito. ¿Estás bien?

Paula

---

Pau:

Es muy lindo todo lo que me escribiste. Para mí también fue muy importante conocerte. Pero siento que antes era más fácil. Estábamos porque lo sentíamos y no implicaba nada. Ahora, en cambio, va pasando el tiempo y estar juntos cada vez significa más. Yo me voy en unas semanas y no quiero lastimarte. Recién llegué hoy y tengo la casa un desastre. Quiero ordenar y ordenarme un poco. Me dirás que estoy asustado y es verdad. Pero necesito unos días para pensar y me los pienso tomar.

Besos, Pali.

Te quiero.

Gastón

---

Gastón:

Analicé el mail como media hora y el planteo me parece absurdo por donde se lo mire. Te vas en dos semanas. ¿Qué tiempo te vas a tomar? Por otro lado, yo no me quiero casar con vos. Quédate tranquilo. Quiero que sepas que toda mi paciencia a la gente con miedo al compromiso la perdí en mi relación pasada. Perdoná pero a mí no me interesan los hombres que se asustan. Por suerte es lo único que saqué en limpio después de haberla pasado tan mal. No por eso dejé de sentir todas las cosas que te dije antes. Y para serte sincera, aunque no quieras, ya me lastimaste. No me lastima que te vayas ni nada por el estilo. Eso ya lo sabía. Me duele que dudes. No sé si lo puedo dejar pasar.

Hablamos.

Paula

Ahora mi teléfono no para de sonar pero no quiero atender.

¿No tendría que ser todo más fácil?




El amor, digo.




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viernes, 29 de mayo de 2009

Tenemos que hablar


bla bla bla

Está pasando algo raro y lo sé. Lo sé porque tengo la sensación de que todo esto ya lo viví.

Después de un fin de semana demasiado perfecto supongo que a los dos nos pasaron muchas cosas por la cabeza. Pero Gastón ya tendría que haber vuelto de Pinamar y no volvió. Me llamó por teléfono y le noté la voz rara. Antes de cortar me dijo: "el sábado cuando vuelva tenemos que hablar". Escuché la famosa frase terrible: ¡Tenemos que hablar!

¿Por qué hay que hablar?

¿De qué hay que hablar?

La próxima cita que tenga va a ser con un mudo.



Creo que tengo un mal presentimiento.



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martes, 26 de mayo de 2009

La casa del mar, la muerte del pez y tus ojos


bla bla bla

Viajo a verte. Llegó a las 8 de noche. Bajo del micro y estás ahí parado, esperándome. Hacemos la cola para bajar los bolsos mientras hablamos del tiempo. Contrario a lo que pensamos, no hace frío. Es una noche linda.


Gastón:
- ¿Cuántas cosas te trajiste?

Paula:
- No hagas esa cara. Me voy a quedar tres noches.

Gastón:
- Exacto. Tres noches. No tres semanas. Tres noches.


A pesar de que rezongás por la cantidad de cosas que llevé, estás contento. Eso se nota. Me abrazás todo el tiempo tirándome encima esas miradas que me hacen bajar los ojos y me ponen colorada. Llegamos a esa casita frente al mar. Yo quiero salir a pasear pero no me dejás.

Paula:
- Salgamos a dar una vuelta.

Gastón:
- Tenemos todo el día de mañana. Te quiero cocinar. Ya compré todo.

Paula:
- Pero salgamos un rato por ahí.

Gastón:
- No. Hoy te quiero sólo para mí.

Pero yo, caprichosa como siempre, insisto.

Paula:
- ¿Vamos a comer afuera? Dale...

Te enojás.

Gastón:
- Si sabés que compré un pescado, tan pero tan fresquito, que estaba aleteando cuando vos tenías el traste en el asiento del micro.

Paula:
-Gracias.- te contesto-. Ahora me siento menos responsable de la muerte del pez.

Gastón:
- De nada.


Cocinás. Me comprás coca y un vino del que yo sólo tomo un sorbo por fuertón. Cenamos. Sacamos muchas fotos. Fotos a las cosas. También a nosotros. Vos te reís. Abrís la ventana para que miremos el mar. Yo lo miro y me abisma. Cuando las cosas son perfectas siempre me asusto porque sé que no duran. Vos entendés de esas cosas. Algunos lo llaman autoboicot. Otra gente realismo. Pero los dos sabemos que nuestra relación expira como los productos comestibles. Vos te vas y yo me quedo. Todo está dicho. Todo está tan claro. Pero igual cuesta asimilarlo.

El fin de semana pasa rápido. Pasa con tranquilidad. Caminatas por la playa. Visita de turista a Cariló. Bosque. Playa. De día, almorzamos en lugares pequeños de comida casera. Vos al final te tenés quedar unos días más. Yo me tengo que volver. La última noche cocino yo y vos me decís que está rico. Umm. Me sorprende tu condescendencia porque sé que cocinar no es lo mío.

Llegó la hora. Me acompañás a la terminal. Subo al micro y te miro desde la ventanilla. Te acercás. Te quedás mirándome desde afuera hasta que por fin el coche parte. Me di cuenta que tus ojos parecen más grandes si es que me estoy yendo. Tocamos el vidrio al mismo tiempo. Tu mano y mi mano son una sola mano enfrentadas. Te reís. Me rió. Quedamos ridículos. El micro se aleja.



Nos decimos adiós con las manos.





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martes, 19 de mayo de 2009

Invierno Bon Amour


bla bla bla

Gastón:
- El jueves me tengo que ir a Pinamar por laburo.

Paula:
- Uuu. Te vas a cagar de frío.

Gastón:
- Nos vamos a cagar de frío... bah...¿Te querés cagar de frío conmigo el fin de semana?

Paula:
- ¿Qué? ¿Me estás invitando?

Gastón:
- Sí. Ya arreglé para que nos quedemos en una casa re linda. Yo voy el jueves, arreglo todo, vos, el viernes, cuando salís del trabajo, te subís al micro, y listo, hasta te voy a buscar a la terminal.

Paula:
- Pero...

Gastón:
- ¿No te parece una buena idea?

Paula:
- Es que... No sé...

Gastón:
- No es para pensar tanto.... ¿Te querés cagar de frío conmigo o no?

Paula:
-¿Sabés qué? Si hace 10 grados bajo cero, pero estás vos, no me importa.



Y por supuesto que ya armé mi bolsito.

martes, 12 de mayo de 2009

Tonta pobre tonta

Reload
bla bla bla

El domingo estábamos acurrucados en la cama con mi "No sé qué cosa".

Mientras hacíamos fiaca y mirábamos la tele, Gastón me acaricia el pelo y me dice:


Gastón:

-Cuando me vaya te voy a extrañar mucho.


Paula:

- ¿Sí?


Gastón:

-Siii.


Paula:

- ¿Por?


Gastón:

-Porque parecés un personaje de sitcom.


Paula:

-¿Eh? ...¿Si? ... No es la primera vez que me lo dicen.


Gastón:

- ¿En serio?


Paula:

-Sí. Mi ex me pedía por favor que me sacara la costumbre de rematar todas las oraciones. jajajaj


Gastón se ríe.


Paula:

-¿y vos por qué lo decís?


Gastón:

-Porque hacés caras y gestos así.


Paula:

-¿Así como?


Gastón:

-Así.


Paula:

- ¿Y no te molesta eso?


Gastón:

-No. Para nada. - Y me abrazó.


Paula:

-Ahhhh.


Y nos quedamos mirándonos fijo unos segundos.


Paula ( que retoma el tema y corre la mirada):

-¿Y si fuera un personaje de Friends cuál sería?


Gastón:

-Rachel.


Paula (Emocionada) :

- ¿En serio?


Gastón:

-Si.


Paula:

- Pero todo el mundo me dice que yo soy Phoebe.


Gastón:

-No. Sos Rachel.


Paula:

-Ahhh…-Y lo besé otra vez.


En el fondo todas queremos ser Rachel pero somos como una mezcla rara de la neurosis controladora de Mónica, la excentricidad de Phoebe y las crisis existenciales berretas de Andrea del Boca en Estrellita mía.


miércoles, 6 de mayo de 2009

Mi no sé qué cosa y yo (2)

o hablemos bien de los hombres
bla bla bla


Mi “no sé qué cosa” y yo nos estamos conociendo pero al mismo tiempo nos estamos despidiendo. A veces, aunque estamos juntos, nos quedamos en silencio y nos sorprende una tristeza rara, como si nos empezáramos a extrañar antes del plazo previsto. Y nos miramos, callados, como si anotáramos con la retina, como si fijáramos imágenes, como si estuviéramos memorizando todo lo que rodea al otro: la ropa, la habitación, la manera de mirar los objetos, de tocar las cosas.


¿Pero, si los dos nos hubiéramos conocido en otras circunstancias estaríamos juntos? Esa es la pregunta.

Estoy convencida que no. Al menos al principio, fue casi tranquilizador saber que Gastón se iba. Que no me implicaba nada más que el tiempo presente, sin toda la neurosis que implica empezar una relación y continuarla en el tiempo. Más que nada, porque yo sentía que ya no tenía nada para dar.

El no es la excepción. Había salido de un noviazgo de muchos años antes de conocerme.

Sin embargo, para mi sorpresa, y algo de diván, yo no sólo estaba equivocada sino que tengo unas buenas reservas de cosas que ofrecer y muchas palabras debajo de los dedos para quien las quiera.


Es raro lo que logra una persona cuando nos estimula y nos acerca a las cosas que queremos. El se preocupa por mí, y con sólo saberlo, se me amortiguan muchas heridas.


De hecho, volví a buscar trabajo con más tenacidad, enfocada en mi crecimiento personal en vez de conseguir dinero para pagar las deudas. Siempre fui muy infantil. Es algo que todos me dicen. Me cuesta afrontar decisiones. Asumir responsabilidades.


También me di cuenta todo lo que le atribuyo a lo masculino. Por ahí tenga que ver con la ausencia paterna. Todo el peso que tiene. Todo el amor, el odio, el horizonte de sentido, los sueños, los deseos y los temores.

Estuve tan triste. Me sentí tan mal que bordeé los límites de la autocompasión. Y ahora, muy despacio, se acomodó otro hombre a mi rutina, y, sorprendentemente, yo a la suya. Todos los cambios que produjo en mí en tan poco tiempo me dejan con la boca abierta. ¿Será que sólo necesitaba un poco de ternura?


Pero el 18 de Junio Gastón se va. Y sólo el tiempo (más y más tiempo) me va a decir cómo seguirá mi vida conmigo, porque todavía yo y yo tenemos que resolver muchas cosas.


Mis ganas de interpretar a los hombres, de conocerlos, se pueden reinterpretar en contraposición: tal vez estoy intentando reconocerme a mí misma




como mujer.

lunes, 27 de abril de 2009

Traeme un tequila


bla bla bla

El sábado a la noche tuve una fiesta. Una salida de chicas. Así que, aunque me sentí un poco mal, me encontré con Gastón más temprano y le aclaré que esa noche era noche de chicas y que la decisión era inamovible. El se lo tomó bien. De hecho, creo que a veces hago aclaraciones innecesarias que me hacen quedar como una tonta. El no es un chico posesivo y tiene una vida propia llena de amigos y de actividades. Pero mejor aclarar a que queden dudas y después sentirme culpable. Cenamos. Caminamos. Tomamos una cerveza en barcito de esos que dan a las avenidas y que se repiten por todo Buenos Aires. El después me dejó cerca de la fiesta y siguió su camino en el taxi.
Entré a la fiesta en medio del climax. Estaba buenísima. Yo, además, tenía muy buen humor. Me encanta Gastón. Me encanta su ternura. Que sea así, que me trate así, que miré así, que … Bueno, él me encanta. Y a veces también me gusta no estar con él para extrañarlo.
Pero bueno, pongamos en situación. Las chicas y yo en la fiesta. Mucha, mucha gente. Amigos y también desconocidos. Alcohol. Música ochentosa. Yo estaba sentada contándole a las amigas los más mínimos detalles: los días que nos quedan, las cosas que hacemos, los libros que lee, que deja destapada la pasta de dientes, que la aprieta por la mitad en vez desde abajo, que no se come el borde las pizzas y que las verduras no le gustan. Lo que hacemos todas las chicas cuando nos juntamos: hablar, hablar de todo, examinar microscópicamente todos los temas.
Entonces veo que se aparece Angy. Tiene una mueca oscura y está pálida como un vaso de leche.

Angy:
¡No sabés quién está!

Paula:
¿Quién?

Angy:
Eee… yo…

Paula (que mira para todos lados):
¿Tu ex? ¿Acá?

Angy:
No. Peor.

Paula:
¿Quién?

Angy:
El tuyo.

Todas me clavan las miradas al unísono. Levanto la vista y la miro a Ceci que está con la boca abierta como si esperara que dijera algo importante. Pero yo sólo atino a decir:

"Traeme un tequila".

lunes, 20 de abril de 2009

Yo también


bla bla bla

Y estás en el zoo. Y nunca te gustaron mucho los zoo porque estás a favor de los derechos de los animales, pero el tema es que te gustan mucho los animales. Y no hay vuelta que darle. Los animales están en el zoo. Y entonces vas. Porque es como una tautología. Un punto te remite a otro. Y así. Pero no vas sola al zoo a tragarte tus principios ecologistas. No. Él te acompaña. El sol le da en la cara. El poco sol que queda porque se está acercando el invierno. Y los primeros fríos te sorprenden con él. Y vos sonreís. Te gustan los monos y las jirafas. Y los camellos. Y el elefante te da lástima porque parece triste. Y te gustan los tigres. Y el sol te da en la cara cuando de golpe lo escuchás. Te dicen que te quieren. Y te lo dicen como si fuera algo cotidiano. Y vos contestás: “Yo también”. Y te repreguntan: “¿Vos también qué?” Y vos hacés una broma porque te pusiste nerviosa. Y porque no es lo mismo escucharlo que decirlo. Y porque siempre hacés bromas para que parezca que no te tomás nada en serio aunque no sea así. Y porque ese te quiero te remite a otro. Y a otro. Y a otros. Y entonces respondés: “Yo también”. Pero hacés bromas para alivianar la tensión y despejar esa mueca estúpida que se te hizo. Y tratás de cambiar el tema pero te vuelven a preguntar: “¿Vos también qué?”, con insistencia. Y sabés que ya está. Que vas de decir algo importante. Y entonces lo decís. Pero eso no te alarma porque se siente bien. Porque se siente así. Exactamente como se tiene que sentir.

- ¿Vos también qué?

- Yo también te quiero.


sábado, 11 de abril de 2009

Insistente


bla bla bla

La aparición de ultratumba de Roco-Debilidad derivó en una suerte de mensajitos de texto a mitad de la madrugada. “¿Qué estás haciendo?”, “¿En qué andás?”, “Te paso a buscar”, como si mis negativas lejos de alejarlo lo acercaran. Por suerte, la presencia de Gastón sirve de escudo protector contra todas sus iniciativas. Gastón me gusta. Me hace bien. Tiene la capacidad de calmarme. Y yo estoy en un momento en qué las montañas rusas no me atraen y, en cambio, me seducen de sobremanera la serenidad y la belleza de una tarde de sol.

Pero eso no lo detiene. Roco-Debilidad sigue insistiendo. Y sigue. Y sigue. Como una publicidad de pilas.

Aunque nunca antes les conté la historia con Roco-Debilidad. ¿No?


miércoles, 8 de abril de 2009

Síntomas preocupantes


bla bla bla

Estoy preocupada. Tengo síntomas de desgano y decaimiento. No tengo fiebre ni me duele nada. Pero ando con pocas ganas de hacer cualquier cosa. Incluso de escribir. De hecho, y esto es lo que más me preocupa, de lo único que tengo ganas es de estar con Gastón. De ir al zoo con Gastón. De ir al super con Gastón. De tomar el colectivo con Gastón. De ver la tele con Gastón. De vivir el evento de unas sábanas recién puestas con Gastón y que el olor a fresco del suavisante nos transporte. Y si no comprende porque es un evento el olor a fresco de las sábanas recién puestas, entonces no sé. No sé si quiero vivir ese evento con Gastón. Últimamente quiero todo con Gastón. Soñar. Dormir. Despertarme. Comer huevos de pascuas con Gastón. Regalarle música a Gastón. Cantarle al oído. Todo. Ser el póster de la chica ideal y que me cuelgue en la puerta. Tejerle una bufanda. Cocinarle brownies. Que vengan los primeros días fríos y tomar una sopa con él. Tengo ganas, muchas ganas, de ser la más cursi. Quiero ser más cursi que una canción de Shakira. Y más vale que me apure porque tengo poco tiempo. Tengo que lograr hacer todo esto antes de que llegue el 18 de Junio y Gastón

se vaya.

jueves, 26 de marzo de 2009

Tire y empuje

La dinámica de las relaciones
bla bla bla


El que inventó el sistema de las puertas con tire y empuje es un ingenuo que cree en la racionalidad de la gente. ¿A quién se le ocurre un invento que va contra el sentido común? ¿Quién se pone a leer el cartel de una puerta antes de empujarla para entrar?

Yo siempre empujo. Siempre empujo. No importa cuántas veces haya ido al mismo lugar. Siempre empujo. Está en mi naturaleza.

Pero hay personas que comprenden las reglas, que internalizaron el mecanismo y que, frente a una puerta, en vez de empujarla, tiran. Mi ex novio, por ejemplo. Y yo siempre empujaba y él siempre tiraba y no había nada más que eso: frente a la misma situación los dos reaccionábamos con un movimiento de fuerzas opuestas.

Supongo que un día yo empujé y él tiró. Ninguno pudo pasar. Nos dijimos de todo. Nos prometimos olvidarnos. Y cada uno fue en busca de puertas automáticas.

En cualquier relación hay sutiles juegos de fuerzas, pequeños y oscuros movimientos, que, en combinación con el instinto, conforman un cóctel más que explosivo. Y a veces tiramos demasiado rápido o empujamos muy tarde. Sin embargo, de todo eso quise olvidarme anoche cuando toqué la puerta de Gastón y él me abrió. Me abrazó. Me hizo reír. Y dejé que los pensamientos se fueran por un rato. Nos besamos. Nos olfateamos como lo hacen los animales. Y nos dejamos llevar.

Sin tires ni empujes.

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