(Esto no se lo esperaban)
bla bla bla
Como era la semana de los besos, y yo nada, le escribí un mail a Matías:
“Si venís a visitarme grabame alguna película que esté buena. Al menos para decirle a mis amigas: Matías es un desastre. No sé cómo empezamos a vernos. Pero eso sí, recomienda las mejores pelis”.
Y vino a visitarme, por supuesto. Él, tan simpático como siempre, hizo su aparición con una película coreana en la mano. Le encanta presumir sus películas difíciles de conseguir. El es medio presumido.
Y la empezamos a ver. Nos sentamos uno muy cerca del otro. Siempre nos cuesta romper el hielo, porque, como ya saben, nos vemos esporádicamente. Además los dos somos de hablar mucho y muchos temas al mismo tiempo.
A mí me divierten sus historias. El también habla de sus exs. Es extraño pero no pongo celosa. Con Mr. Wrong hubiera sido capaz de cortarle la lengua si me hablaba de alguna. Con él no me pasa. Lo veo más bien como un personaje de algún cuento. Tal vez suene agresivo, pero no lo veo como a alguien real. Y yo me explayo. Le cuento cosas que jamás le conté a ningún chico. A él, a diferencia de todos los demás, le encanta escuchar.
Pero volvamos a la historia, estábamos mirando la película, compenetrados, y en un momento nos miramos. Y para qué. Una cosa llevó a otra y, bueno, empezamos otra vez. Nos besamos.
Primero fue un beso suave. Delicado. Después un beso más fuerte, más intenso. Tratamos de seguir mirando la película. Lo intentamos. Pero después vino un beso que se devoró a todos los otros besos. Y un beso más que se llevó por delante al beso anterior. Todo fue seguido por una lluvia de besos. Volvimos a querer recuperar la atención en la película pero un aluvión de labios se desparramó. Así. Ahí. Un despilfarro de humedades concretas y absolutas. Besos franceses. Besos panorámicos.
Me encanta el labio inferior de Matías. Le haría una reproducción al estilo dentista. Con esa pasta blanca y ese olor a hospital. Para que me siga besando. Que me siga besando.
No pienso dar detalles de lo que pasó después, pero ninguno de los dos terminó la película.
Seguro que tenía un final feliz.
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domingo, 5 de octubre de 2008
BESOS, MAS BESOS
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Matías no-perfecto,
TRISTE CHICA COSMO
jueves, 2 de octubre de 2008
JAMAS BESADA
O la historia con Diego, el inexplicable
Bla bla bla
A Diego lo conocí en un boliche de la calle Niceto Vega hace unos cinco años atrás. Lo miré por un largo rato y se acercó a hablarme. Tenía un pañuelo en la cabeza y los ojos oscuros. Era músico. Tocaba en una banda de rock y trabajaba en un estudio de grabación bastante conocido. Dentro de sus cualidades descato su simpatía. Tenía una voz muy hermosa y una sonrisa magnética. Ese día hablamos un rato y, por más que yo sutilmente traté de acercarme, no me besó. Se fue. Nos pasamos los teléfonos.
Paula:
Angie, este chico me gusta. Me gusta mucho.
Un miércoles de la semana siguiente tuve un día re largo. Llegué a mi casa totalmente cansada y deprimida. Levanto los mensajes del contestador y:
Diego:
Paula, soy yo, Diego. Bueno, quería saber si tenías ganas de ir al cine o algo. Te llamo otra vez. Un beso.
Mi expresión de felicidad habrá sido muy notoria porque Lola, la chica que vivía conmigo en esa época, me miró y me dijo:
Lola:
¿Quién te llamó?
Paula:
El chico que conocí el viernes.
Al otro día estuve atornillada en el teléfono. Y cuando por fin sonó le dije a Lola:
Paula:
Atendé vos. Que no parezca que estoy desesperada.
Era él. Me pasó a buscar y fuimos al cine. Cuando salimos caminamos por media ciudad. Hablamos un montón. Me contó de su familia, del divorcio de sus padres. Yo le hablé de mí. No tenía auto pero me acompañó hasta la puerta de mi casa otra vez. Yo le dije de subir y él aceptó. Subió y Lola lo conoció. Le cayó re bien. Era muy comprador. Se quedó un largo rato. Cuando se fue, Lola me mira y me dice:
Lola:
¿Y? ¿Qué pasó?
Paula:
Nada. No pasó nada. Ni me besó. ¿Qué tengo? ¿No le gusto?
Lola:
La próxima vez tocalo más. Golpealo en el hombro. Tocalo al pasar.
Paula:
¿Me llamará otra vez?
Llamó. Organizamos una salida de a cuatro. Lola con un amigo de él. ¿Yo con él?
Por él me comí la segunda película más horrible de mi vida. Hasta lo dejé elegir. Estábamos en la butacas y yo, de lo más idiota, lo empecé a tocar. Le golpee la pierna, el hombro, y en un momento, hasta le di la mano. Cuando terminó la película yo esperaba que viniera el gran momento del beso. Pero, en cambio, el amigo de Diego dijo:
Amigo de Diego:
Vamos a comer algo.
Lola:
Si, estaría buenísimo.
Diego:
¿Tenés ganas, gorda?(Anoten esto: Me dijo gorda, así, tipo cariñosamente)
Paula:
(en las nubes) Bueno, vamos.
Fuimos a comer los cuatro. Volvimos a mi departamento. Tomamos un café. Comimos chocolate. Y él diciendome gorda, gordi, linda, cosas así. (Ok, besame ya).
En el medio hubo una situación muy romántica. Estábamos en el sillón. Yo al lado de él escuchándolo hablar:
Diego:
… Porque a la guitarra hay que tenerla así. Bien cerca tuyo. Pegada al cuerpo. Así salen las mejores cosas.
Ahí me miró con sus profundos ojos negros y yo percibí algo, pero en vez de besarme, se puso a cantar.
Al rato, se fue con su amigo, y cuando bajé a abrirle, otra vez, no me besó.
Subí a mi departamento, totalmente angustiada.
Paula:
Lola, no me besó. No entiendo nada.
Lola:
Te mira como si le re gustaras.
Paula:
Hoy lo toqué. Hice todo lo que me dijiste.
Lola:
No sé qué decirte. Es un caso inexplicable.
Paula:
Me decía gordi. Me consultaba y todo. (Exaltada) ¡Esta es la tercera vez que lo veo!
Lola:
Si. Si. Lo escuchaba. No sé. ¿Y si lo llamás y le preguntás?. Por ahí está en otra historia.
Paula:
No. No lo llamo nunca más. Si le gusto que me llame.
Pero nunca llamó. Yo realmente no entendía la situación, así que recurrí a mis compañeros varones. Y mis compañeros de la facu me re gastaban. Pero ellos tampoco entendían nada.
Patricio:
¿Será gay, Paula?
Paula:
No sé. No creo.
Patricio:
¿Y por qué no lo besaste vos?
Paula:
Qué se yo. Yo también me pongo tonta cuando me gusta alguien.
A los meses dejé el departamento de Lola por primera vez y me mudé temporalmente con mi familia. Un día Lola me llama:
Lola:
¿A qué no sabés con quién hablé hoy?
Paula:
¿Con quién?
Lola:
Con Diego. El que nunca te besó.
Paula:
¡No! ¡No puede ser!
Lola:
Sí, te llamó, boluda. Quería saber cómo estabas. ¡Qué divino que es! Me dijo que lo llames.
Paula
¡Pero Lola, pasó un año! ¡Un año!
Lola:
Y.. sí. ¿Pero lo vas a llamar?
Paula:
Lo llamaría pero justo el viernes, en un rapto de amor propio, tiré su teléfono. Siempre me termino arrepintiendo
de hacer cosas así.
Lola:
Siempre pasa.
Paula:
Es la última vez que tiro un teléfono. La próxima vez te lo paso a vos así lo anotás en tu agenda y recién ahí lo tiro. Mejor empezar a hacer un backup, por las dudas.
Lola:
¿Por las dudas de qué?
Paula:
De que cuando tenga 50 años y 20 gatos no tenga a nadie a quien llamar.
Seguir leyendo acá.
Bla bla bla
A Diego lo conocí en un boliche de la calle Niceto Vega hace unos cinco años atrás. Lo miré por un largo rato y se acercó a hablarme. Tenía un pañuelo en la cabeza y los ojos oscuros. Era músico. Tocaba en una banda de rock y trabajaba en un estudio de grabación bastante conocido. Dentro de sus cualidades descato su simpatía. Tenía una voz muy hermosa y una sonrisa magnética. Ese día hablamos un rato y, por más que yo sutilmente traté de acercarme, no me besó. Se fue. Nos pasamos los teléfonos.
Paula:
Angie, este chico me gusta. Me gusta mucho.
Un miércoles de la semana siguiente tuve un día re largo. Llegué a mi casa totalmente cansada y deprimida. Levanto los mensajes del contestador y:
Diego:
Paula, soy yo, Diego. Bueno, quería saber si tenías ganas de ir al cine o algo. Te llamo otra vez. Un beso.
Mi expresión de felicidad habrá sido muy notoria porque Lola, la chica que vivía conmigo en esa época, me miró y me dijo:
Lola:
¿Quién te llamó?
Paula:
El chico que conocí el viernes.
Al otro día estuve atornillada en el teléfono. Y cuando por fin sonó le dije a Lola:
Paula:
Atendé vos. Que no parezca que estoy desesperada.
Era él. Me pasó a buscar y fuimos al cine. Cuando salimos caminamos por media ciudad. Hablamos un montón. Me contó de su familia, del divorcio de sus padres. Yo le hablé de mí. No tenía auto pero me acompañó hasta la puerta de mi casa otra vez. Yo le dije de subir y él aceptó. Subió y Lola lo conoció. Le cayó re bien. Era muy comprador. Se quedó un largo rato. Cuando se fue, Lola me mira y me dice:
Lola:
¿Y? ¿Qué pasó?
Paula:
Nada. No pasó nada. Ni me besó. ¿Qué tengo? ¿No le gusto?
Lola:
La próxima vez tocalo más. Golpealo en el hombro. Tocalo al pasar.
Paula:
¿Me llamará otra vez?
Llamó. Organizamos una salida de a cuatro. Lola con un amigo de él. ¿Yo con él?
Por él me comí la segunda película más horrible de mi vida. Hasta lo dejé elegir. Estábamos en la butacas y yo, de lo más idiota, lo empecé a tocar. Le golpee la pierna, el hombro, y en un momento, hasta le di la mano. Cuando terminó la película yo esperaba que viniera el gran momento del beso. Pero, en cambio, el amigo de Diego dijo:
Amigo de Diego:
Vamos a comer algo.
Lola:
Si, estaría buenísimo.
Diego:
¿Tenés ganas, gorda?(Anoten esto: Me dijo gorda, así, tipo cariñosamente)
Paula:
(en las nubes) Bueno, vamos.
Fuimos a comer los cuatro. Volvimos a mi departamento. Tomamos un café. Comimos chocolate. Y él diciendome gorda, gordi, linda, cosas así. (Ok, besame ya).
En el medio hubo una situación muy romántica. Estábamos en el sillón. Yo al lado de él escuchándolo hablar:
Diego:
… Porque a la guitarra hay que tenerla así. Bien cerca tuyo. Pegada al cuerpo. Así salen las mejores cosas.
Ahí me miró con sus profundos ojos negros y yo percibí algo, pero en vez de besarme, se puso a cantar.
Al rato, se fue con su amigo, y cuando bajé a abrirle, otra vez, no me besó.
Subí a mi departamento, totalmente angustiada.
Paula:
Lola, no me besó. No entiendo nada.
Lola:
Te mira como si le re gustaras.
Paula:
Hoy lo toqué. Hice todo lo que me dijiste.
Lola:
No sé qué decirte. Es un caso inexplicable.
Paula:
Me decía gordi. Me consultaba y todo. (Exaltada) ¡Esta es la tercera vez que lo veo!
Lola:
Si. Si. Lo escuchaba. No sé. ¿Y si lo llamás y le preguntás?. Por ahí está en otra historia.
Paula:
No. No lo llamo nunca más. Si le gusto que me llame.
Pero nunca llamó. Yo realmente no entendía la situación, así que recurrí a mis compañeros varones. Y mis compañeros de la facu me re gastaban. Pero ellos tampoco entendían nada.
Patricio:
¿Será gay, Paula?
Paula:
No sé. No creo.
Patricio:
¿Y por qué no lo besaste vos?
Paula:
Qué se yo. Yo también me pongo tonta cuando me gusta alguien.
A los meses dejé el departamento de Lola por primera vez y me mudé temporalmente con mi familia. Un día Lola me llama:
Lola:
¿A qué no sabés con quién hablé hoy?
Paula:
¿Con quién?
Lola:
Con Diego. El que nunca te besó.
Paula:
¡No! ¡No puede ser!
Lola:
Sí, te llamó, boluda. Quería saber cómo estabas. ¡Qué divino que es! Me dijo que lo llames.
Paula
¡Pero Lola, pasó un año! ¡Un año!
Lola:
Y.. sí. ¿Pero lo vas a llamar?
Paula:
Lo llamaría pero justo el viernes, en un rapto de amor propio, tiré su teléfono. Siempre me termino arrepintiendo
de hacer cosas así.
Lola:
Siempre pasa.
Paula:
Es la última vez que tiro un teléfono. La próxima vez te lo paso a vos así lo anotás en tu agenda y recién ahí lo tiro. Mejor empezar a hacer un backup, por las dudas.
Lola:
¿Por las dudas de qué?
Paula:
De que cuando tenga 50 años y 20 gatos no tenga a nadie a quien llamar.
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TRISTE CHICA COSMO
martes, 30 de septiembre de 2008
Besame, besame mucho
Algunas observaciones acerca de los besos
bla bla bla
Besar como arte
Besar es un arte. El arte del intercambio.
Es la zona donde se tantea la habilidad del otro de generar deseo, pero también la habilidad del otro en el tema de desear.
No hay nada más terrible que un hombre que no disfrute besar. Besar por el deseo mismo de un beso.
Nada más triste que tu chico piense que una tarde de besos es una pérdida de tiempo. Nada tan difícil de conseguir como un hombre que no piense así. Un hombre al que no le gusta besar nunca podrá llegar a sentir pasión. Pero, por suerte, la mayoría de los hombres no son así.
Les gusta besar pero con una sutil diferencia. Ven al beso desde el contexto del juego previo. Como un medio para llegar a otro terreno.
Para las mujeres es distinto.
Todo lo demás, lo que viene después del beso, es una extensión del beso mismo, de las sensaciones generadas, de las ganas de perderse en el otro, de caer por caer.
Para las mujeres besar es un arte. El arte del intercambio.
La regla implícita del primer beso con un hombre:
En el primer beso está todo.
El primer beso es determinante para saber si con ese hombre existe “química”. Si lo vas a volver a ver o sino.
Si tenés ganas de seguir conociéndolo. Si se trata de “amor” o sólo de “sexo”.
Si es un hombre para domingo a la tarde o para sábado a la noche.
En el primer beso está todo.
Y esta es una regla universal.
Cosas que un hombre nunca tiene que hacer durante el primer beso con una mujer:
- Ronronear.
- Suspirar.
- Aspirar.
- Soplar.
- Estornudar.
- Reirse.
- Comer o Mascar.
- Besarle la nariz.
Sin embargo, como la psicología femenina es absolutamente caprichosa, ninguna de las cosas de esta lista es válida si el hombre cuestión te gustó desde que entró por la puerta principal.
Comentario más gracioso que escuché de una mujer:
- Me re gustaba pero tenía la lengua dura. Ni loca lo vuelvo a ver.
Algo que escribí a los 15 años en mi diario íntimo:
Me besó. Qué tonta. Me temblaron las piernas.
Pensé que me iba a desmayar.
bla bla bla
Besar como arte
Besar es un arte. El arte del intercambio.
Es la zona donde se tantea la habilidad del otro de generar deseo, pero también la habilidad del otro en el tema de desear.
No hay nada más terrible que un hombre que no disfrute besar. Besar por el deseo mismo de un beso.
Nada más triste que tu chico piense que una tarde de besos es una pérdida de tiempo. Nada tan difícil de conseguir como un hombre que no piense así. Un hombre al que no le gusta besar nunca podrá llegar a sentir pasión. Pero, por suerte, la mayoría de los hombres no son así.
Les gusta besar pero con una sutil diferencia. Ven al beso desde el contexto del juego previo. Como un medio para llegar a otro terreno.
Para las mujeres es distinto.
Todo lo demás, lo que viene después del beso, es una extensión del beso mismo, de las sensaciones generadas, de las ganas de perderse en el otro, de caer por caer.
Para las mujeres besar es un arte. El arte del intercambio.
La regla implícita del primer beso con un hombre:
En el primer beso está todo.
El primer beso es determinante para saber si con ese hombre existe “química”. Si lo vas a volver a ver o sino.
Si tenés ganas de seguir conociéndolo. Si se trata de “amor” o sólo de “sexo”.
Si es un hombre para domingo a la tarde o para sábado a la noche.
En el primer beso está todo.
Y esta es una regla universal.
Cosas que un hombre nunca tiene que hacer durante el primer beso con una mujer:
- Ronronear.
- Suspirar.
- Aspirar.
- Soplar.
- Estornudar.
- Reirse.
- Comer o Mascar.
- Besarle la nariz.
Sin embargo, como la psicología femenina es absolutamente caprichosa, ninguna de las cosas de esta lista es válida si el hombre cuestión te gustó desde que entró por la puerta principal.
Comentario más gracioso que escuché de una mujer:
- Me re gustaba pero tenía la lengua dura. Ni loca lo vuelvo a ver.
Algo que escribí a los 15 años en mi diario íntimo:
Me besó. Qué tonta. Me temblaron las piernas.
Pensé que me iba a desmayar.
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