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Pienso que lo mío es una clase de machismo solapado, pero yo creo que hay cosas que los hombres hacen mucho mejor. Mucho mucho mejor.
Supongo que se remontará cuando, a sólo dos años de terminar el secundario, me fui a vivir a Congreso y trabajaba como recepcionista en un café cheto de Recoleta. Mi puesto de trabajo quedaba cerca muy cerca de la puerta de cocina, que en las horas no pico, era también mi puesto de entretenimiento.
Ahí estaban ellos: el chef, el ayudante de cocina Nº 1, el ayudante de cocina nº 2, el bachero, y los dos de limpieza, que eran realmente toda mi motivación laboral. Y ahí estaba yo, tan chiquita. Sin mamá que me cocinara. El vínculo fue inmediato. Si me daban comida no había nada que negociar. Me tenían a sus pies.
Algunos, sobretodo los más grandes, me trataban como una hija. Eso sí. Siempre se tiraban un por las dudas. Había uno más insistente que los demás. Él más joven. Pero la verdad, es que con los seis, tuve una relación de compañerismo muy protectora.
Me consentían. Mucho. Llegaba y me preparaban un tostado. Lo mejor de todo era la cena. No había un día que no me cocinaban lo que quería y como yo lo quería. Eso no es nada:. Cualquiera de sus platos eran dignos de un catálogo. Me presentaban el plato y todo, en vez de pegarme una patada que fuera tan fuerte que sirviera para devolverme a la madre que me volvió tan malcriada. Claro. Como yo recién empezaba con el discurso de la independencia no medía con habilidad mi suerte. "Pero no le pongan orégano, porque no me gusta". Y ellos le sacaban el orégano. No, que si me los cruzo por la calle soy capaz de tirarmeles encima. Ninguno de los chicos con los que salí me trató tan bien.
Finalmente, cuando dejé de trabajar ahí, además de adelgazar como cuatro kilos, extrañaba un montón a las papitas noisette... y a mis compañeros de la cocina. Esos mismos que, siguiendo el viejo truco, me conquistaron por el estómago. Nunca más me los volví a cruzar pero juro que siempre los recuerdo con mucho cariño.
Hombres, abandonen sus profesiones rutinarias. ¡No lo duden! ¡Deberían dedicarse a eso!
