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jueves, 2 de octubre de 2008

JAMAS BESADA

O la historia con Diego, el inexplicable
Bla bla bla


A Diego lo conocí en un boliche de la calle Niceto Vega hace unos cinco años atrás. Lo miré por un largo rato y se acercó a hablarme. Tenía un pañuelo en la cabeza y los ojos oscuros. Era músico. Tocaba en una banda de rock y trabajaba en un estudio de grabación bastante conocido. Dentro de sus cualidades descato su simpatía. Tenía una voz muy hermosa y una sonrisa magnética. Ese día hablamos un rato y, por más que yo sutilmente traté de acercarme, no me besó. Se fue. Nos pasamos los teléfonos.

Paula:
Angie, este chico me gusta. Me gusta mucho.

Un miércoles de la semana siguiente tuve un día re largo. Llegué a mi casa totalmente cansada y deprimida. Levanto los mensajes del contestador y:

Diego:

Paula, soy yo, Diego. Bueno, quería saber si tenías ganas de ir al cine o algo. Te llamo otra vez. Un beso.

Mi expresión de felicidad habrá sido muy notoria porque Lola, la chica que vivía conmigo en esa época, me miró y me dijo:

Lola:
¿Quién te llamó?

Paula:
El chico que conocí el viernes.

Al otro día estuve atornillada en el teléfono. Y cuando por fin sonó le dije a Lola:

Paula:
Atendé vos. Que no parezca que estoy desesperada.

Era él. Me pasó a buscar y fuimos al cine. Cuando salimos caminamos por media ciudad. Hablamos un montón. Me contó de su familia, del divorcio de sus padres. Yo le hablé de mí. No tenía auto pero me acompañó hasta la puerta de mi casa otra vez. Yo le dije de subir y él aceptó. Subió y Lola lo conoció. Le cayó re bien. Era muy comprador. Se quedó un largo rato. Cuando se fue, Lola me mira y me dice:

Lola:

¿Y? ¿Qué pasó?

Paula:

Nada. No pasó nada. Ni me besó. ¿Qué tengo? ¿No le gusto?

Lola:

La próxima vez tocalo más. Golpealo en el hombro. Tocalo al pasar.

Paula:
¿Me llamará otra vez?



Llamó. Organizamos una salida de a cuatro. Lola con un amigo de él. ¿Yo con él?
Por él me comí la segunda película más horrible de mi vida. Hasta lo dejé elegir. Estábamos en la butacas y yo, de lo más idiota, lo empecé a tocar. Le golpee la pierna, el hombro, y en un momento, hasta le di la mano. Cuando terminó la película yo esperaba que viniera el gran momento del beso. Pero, en cambio, el amigo de Diego dijo:

Amigo de Diego:

Vamos a comer algo.

Lola:
Si, estaría buenísimo.

Diego:
¿Tenés ganas, gorda?(Anoten esto: Me dijo gorda, así, tipo cariñosamente)

Paula:
(en las nubes) Bueno, vamos.

Fuimos a comer los cuatro. Volvimos a mi departamento. Tomamos un café. Comimos chocolate. Y él diciendome gorda, gordi, linda, cosas así. (Ok, besame ya).

En el medio hubo una situación muy romántica. Estábamos en el sillón. Yo al lado de él escuchándolo hablar:

Diego:

… Porque a la guitarra hay que tenerla así. Bien cerca tuyo. Pegada al cuerpo. Así salen las mejores cosas.


Ahí me miró con sus profundos ojos negros y yo percibí algo, pero en vez de besarme, se puso a cantar.

Al rato, se fue con su amigo, y cuando bajé a abrirle, otra vez, no me besó.

Subí a mi departamento, totalmente angustiada.

Paula:

Lola, no me besó. No entiendo nada.

Lola:

Te mira como si le re gustaras.

Paula:

Hoy lo toqué. Hice todo lo que me dijiste.

Lola:

No sé qué decirte. Es un caso inexplicable.

Paula:

Me decía gordi. Me consultaba y todo. (Exaltada) ¡Esta es la tercera vez que lo veo!

Lola:
Si. Si. Lo escuchaba. No sé. ¿Y si lo llamás y le preguntás?. Por ahí está en otra historia.

Paula:
No. No lo llamo nunca más. Si le gusto que me llame.

Pero nunca llamó. Yo realmente no entendía la situación, así que recurrí a mis compañeros varones. Y mis compañeros de la facu me re gastaban. Pero ellos tampoco entendían nada.

Patricio:
¿Será gay, Paula?

Paula:

No sé. No creo.

Patricio:

¿Y por qué no lo besaste vos?

Paula:

Qué se yo. Yo también me pongo tonta cuando me gusta alguien.

A los meses dejé el departamento de Lola por primera vez y me mudé temporalmente con mi familia. Un día Lola me llama:

Lola:

¿A qué no sabés con quién hablé hoy?

Paula:

¿Con quién?

Lola:

Con Diego. El que nunca te besó.

Paula:

¡No! ¡No puede ser!

Lola:

Sí, te llamó, boluda. Quería saber cómo estabas. ¡Qué divino que es! Me dijo que lo llames.

Paula

¡Pero Lola, pasó un año! ¡Un año!

Lola:
Y.. sí. ¿Pero lo vas a llamar?

Paula:
Lo llamaría pero justo el viernes, en un rapto de amor propio, tiré su teléfono. Siempre me termino arrepintiendo
de hacer cosas así.

Lola:
Siempre pasa.

Paula:
Es la última vez que tiro un teléfono. La próxima vez te lo paso a vos así lo anotás en tu agenda y recién ahí lo tiro. Mejor empezar a hacer un backup, por las dudas.

Lola:

¿Por las dudas de qué?

Paula:
De que cuando tenga 50 años y 20 gatos no tenga a nadie a quien llamar.



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