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lunes, 18 de agosto de 2008

El Emo

El amor, los emos y los floggers

Entrega Especial

Últimamente, a Paula le inquietaba el tema de las tribus urbanas. Así que este fin de semana, se puso al día con videos de Capusoto y de otra índole. Pero quería saber más. Siempre quiere saber más. Finalmente, se calzó su vestido negro todo terreno, y se fue a explorar como corresponsal.

¿Qué es eso de los Emos y los Floggers? Pero sobretodo se preguntaba ¿Qué es eso del Amor?

Bla bla bla


El Viernes a la noche, Angy, mi mejor amiga, me pasó a buscar. Yo le conté acerca de mi determinación de ir a la arena periodística para sondear perfiles nuevos de hombres desconocidos. Angy, que siempre me insiste para que salga, me llevo de los pelos a un boliche ruidoso y lleno de humo. He aquí lo que aprendí de los hombres el día Viernes.

El término Emo viene del latín emoción. No fue difícil en medio del boliche determinar mi objetivo. Un chico dulce, adormecido en un rincón, con los ojos delineados. Vestido de negro, con una mochila que tenía en su bolsillo delantero una calavera. Y me acerqué a él, con mi sonrisa más naif , y automáticamente nos pusimos a hablar.

“Yo no soy emo”, él me decía, mientras me contaba que estaba deprimido, que su única pasión eran la música y los comics, que se pasaba horas en su cuarto dibujando. Su profundo malestar era que no encontraba su lugar en el mundo. ¿Pero quién lo hace? Yo igual asentía, hablaba un poco de mí, y seguía escuchando sus descargas emocionales.

Pablo, Emo´s name, fue todo un caballero. Me invitó a la barra para que me pidiera lo que yo quisiera. Yo me pedí un drink y me fui con Angy a dar una vuelta en busca del Flogger que jamás conocí. Primera conclusión de la noche: los Emos y los Floggers no van a los mismos lugares. Lo que me llevó de retorno a Pablo.

Pablo me llevo a un rincón semioscuro y me preguntó algo que hace siglos no me preguntaban: ¿Te puedo dar un beso?, me dijo. (Hombres, anoten esto, el 100 por ciento de las mujeres odian esas preguntas: Un beso no se pide, se roba.) Yo asentí, porque me dio un poco de ternura, y Pablo me besó en medio de una canción de Elliott Smith.

Seguimos charlando. En un momento me dice:
-¿Querés probar md?

Y yo, que tengo la responsabilidad de actualizar mi blog, le dije:

- Bueno.
- ¿Sabés lo qué es?
-No.
- ¿Y te animás a probar algo que no conocés con un desconocido?.
- Si.
- Sos cautivante. - me dijo, con su mejor mirada delineada.

Segunda conclusión de la noche: Chicas, cosas así conquistan a los Emos, pero alejarían a un estudiante de derecho. Lo que es muy lógico.

Después de probar esa cosa asquerosa con efectos parecidos al éxtasis, terminamos acurrucados. Abrazándonos. Haciéndonos mimitos. Todo muy idílico. Y disfrutando mucho de los besos.

Salimos de ahí. Insiste desesperadamente en ir a mi casa.

- Pero no va a pasar nada. Te ponés el piyama y yo sólo te hago mimos. Porque este estado es tan lindo. - me dijo.

Y me convenció.

Vinimos a mi casa. Dormimos abrazados sin que pasara nada. Ni siquiera insistió. Yo totalmente sorprendida.

Al día siguiente Pablo me regala un marroc y se va. Y es así como termina la historia con el Emo, con el que nunca podré delucidar si lo que nos unía era the chemical drug del amor. O otra cosa, distinta.

Sin embargo, mi trabajo como corresponsal no terminó acá. El sábado, me volví a poner el vestido negro todo terreno, y Angie me volvió a pasar a buscar. Esta vez iría en busca del Flogger que jamás conocí.


(Continuará).

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