Hay gente que llegó a este blog haciéndose estas preguntas:
bla bla bla
1- ¿Cómo saber si le gusto a un chico aunque casi no nos hablemos?
2- ¿Cómo no parecer desesperada con los hombres?
3- ¿Cómo actúan los hombres cuando te quieren aburrir?
4- ¿Por qué los hombres aparecen y desaparecen?
5- ¿Cómo conseguir que un hombre quede loquito en la cama?
6- ¿Cómo evitar que un ex novio me siga haciendo daño?
7- ¿De qué manera hay que mentirle a un hombre?
8- ¿Por qué los hombres son tan inmaduros?
9- ¿Cómo es el fotolog del principito flogger?
10- ¿El té de orégano hace mal?
lunes, 24 de noviembre de 2008
jueves, 20 de noviembre de 2008
Un estratega demasiado sincero
bla bla bla
Pasa que los sinceros evolucionan a estrategas, así como las chicas buenas, dulces y encantadoras, después de una gran pena de amor, se vuelven malvadas.
Pero que horrible que es cuando el estratega se vuelve sincero y te dice lo que no querés escuchar.
Ayer vino Matías a mi casa. Como siempre, la pasamos bien, nos reímos, miramos la televisión, pero un momento se me queda mirando, como si de pronto notara todas las cosas lindas que tengo para dar, me mira a los ojos y me dice que me quiere decir algo:
Matías:
Paula, sé que no tendría que decirte esto, que lo más comodo sería hacerme el boludo, pero me parece que estamos...
Paula (Que se lo ve venir):
- Pará. Pará.
Matías:
- Con vos me río. Sos inteligente. Me gusta tu sentido del humor. Sólo que yo...
Paula:
- Pará. Pará. No sigas. Ya sé. Soy una persona llena de cualidades pero vos… (Y me empecé a reír).
Matías:
- No te rías, boluda. Encima que me cuesta hablar en serio. Pero la verdad yo no estoy buscando…
Paula (Tentadísima):
- … nada serio. Y yo soy demasiado para vos. No me merecés.
Matías (Que también se ríe):
- Con vos no se puede. ¿Ves? Sos de lo peor.
Paula:
- Decime la verdad. ¿Es por la rubia del otro día?
Matías (Sobreactuando):
- No. Nada que ver.
Paula:
- No te creo nada.
Matías:
- Bueno, no me creas. (Silencio incomodo)
Matías:
- Che… mejor me voy.
Paula:
- Como quieras.
Lo acompaño hasta la puerta. En la puerta nos besamos. Yo me tiento y me empiezo a reír.
Matías:
- ¿De qué te reís?
Paula:
- De tu cara. Estás muy serio.
Matías:
- No te tomas nada en serio vos.
Paula:
- Bueno, no sé. ¿Querías que me ponga a llorar?
Matías:
- No. Pero no que te cagues de risa.
Da unos pasos hacia el ascensor.
- Paula:
Matías…
Matías:
- ¿Qué?
Paula:
- (Irónicamente) Ninguna te va a querer como yo.
Matías:
Ja ja. Qué personaje.
Y lo vi tomarse el ascensor y me dio un poquito de tristeza.
Más allá de la parodia, algo de la situación me recordó a mi ex novio cuando me dijo sus demoledoras palabras.
Mr. Wrong:
- Vos sos todo lo que soñé pero no soy feliz.
Paula:
- Vos también sos todo lo que soñé, y mirá.
Y esa fueron las líneas finales de cuando cortamos. Estabamos sentados en un bar de Barrancas de Belgrano. Me obligó a comer algo porque yo sentía que iba a desmayarme. (Ustedes ya saben lo melodramática que soy). Yo tenía los ojos hinchados como dos pelotas de ping pong. El tenía un tic nervioso que espero que ya lo haya solucionado.
Es algo que tendré que aceptar de una vez. Todos, cuando recién empezamos una relación, nos creemos grandiosos, pero somos patéticos cuando tenemos que terminar. Todos. Sin excepción. Incluso yo.
El que abandona. El que es abandonado. El que llama. El que deja de llamar. Todos repitimos las mismas frases hechas. Somos la misma figurita pegada en un álbum diferente cada vez que conocemos a alguien que nos gusta. Cada vez que tenemos ganas de conocer a alguien que nos gusta.
Cada vez que volvemos a empezar.
Cada vez que volvemos a terminar.
Seguir leyendo acá.
Pasa que los sinceros evolucionan a estrategas, así como las chicas buenas, dulces y encantadoras, después de una gran pena de amor, se vuelven malvadas.
Pero que horrible que es cuando el estratega se vuelve sincero y te dice lo que no querés escuchar.
Ayer vino Matías a mi casa. Como siempre, la pasamos bien, nos reímos, miramos la televisión, pero un momento se me queda mirando, como si de pronto notara todas las cosas lindas que tengo para dar, me mira a los ojos y me dice que me quiere decir algo:
Matías:
Paula, sé que no tendría que decirte esto, que lo más comodo sería hacerme el boludo, pero me parece que estamos...
Paula (Que se lo ve venir):
- Pará. Pará.
Matías:
- Con vos me río. Sos inteligente. Me gusta tu sentido del humor. Sólo que yo...
Paula:
- Pará. Pará. No sigas. Ya sé. Soy una persona llena de cualidades pero vos… (Y me empecé a reír).
Matías:
- No te rías, boluda. Encima que me cuesta hablar en serio. Pero la verdad yo no estoy buscando…
Paula (Tentadísima):
- … nada serio. Y yo soy demasiado para vos. No me merecés.
Matías (Que también se ríe):
- Con vos no se puede. ¿Ves? Sos de lo peor.
Paula:
- Decime la verdad. ¿Es por la rubia del otro día?
Matías (Sobreactuando):
- No. Nada que ver.
Paula:
- No te creo nada.
Matías:
- Bueno, no me creas. (Silencio incomodo)
Matías:
- Che… mejor me voy.
Paula:
- Como quieras.
Lo acompaño hasta la puerta. En la puerta nos besamos. Yo me tiento y me empiezo a reír.
Matías:
- ¿De qué te reís?
Paula:
- De tu cara. Estás muy serio.
Matías:
- No te tomas nada en serio vos.
Paula:
- Bueno, no sé. ¿Querías que me ponga a llorar?
Matías:
- No. Pero no que te cagues de risa.
Da unos pasos hacia el ascensor.
- Paula:
Matías…
Matías:
- ¿Qué?
Paula:
- (Irónicamente) Ninguna te va a querer como yo.
Matías:
Ja ja. Qué personaje.
Y lo vi tomarse el ascensor y me dio un poquito de tristeza.
Más allá de la parodia, algo de la situación me recordó a mi ex novio cuando me dijo sus demoledoras palabras.
Mr. Wrong:
- Vos sos todo lo que soñé pero no soy feliz.
Paula:
- Vos también sos todo lo que soñé, y mirá.
Y esa fueron las líneas finales de cuando cortamos. Estabamos sentados en un bar de Barrancas de Belgrano. Me obligó a comer algo porque yo sentía que iba a desmayarme. (Ustedes ya saben lo melodramática que soy). Yo tenía los ojos hinchados como dos pelotas de ping pong. El tenía un tic nervioso que espero que ya lo haya solucionado.
Es algo que tendré que aceptar de una vez. Todos, cuando recién empezamos una relación, nos creemos grandiosos, pero somos patéticos cuando tenemos que terminar. Todos. Sin excepción. Incluso yo.
El que abandona. El que es abandonado. El que llama. El que deja de llamar. Todos repitimos las mismas frases hechas. Somos la misma figurita pegada en un álbum diferente cada vez que conocemos a alguien que nos gusta. Cada vez que tenemos ganas de conocer a alguien que nos gusta.
Cada vez que volvemos a empezar.
Cada vez que volvemos a terminar.
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miércoles, 19 de noviembre de 2008
Sos una persona increible, llena de cualidades, pero yo...(3)
Paula:
Quiero hablar con vos. ¿Te paso a buscar y charlamos un rato?
Sebas
....
Sebastián:
Es horrible tener que repetirte esto por mail porque intenté que fuera en persona. No sé si quiero decir lo mismo otra vez. No lo dije porque estuviera enojada. Lamentablemente, todo lo que te dije en el supermercado es verdad. No sé que más decirte. A veces funciona. A veces no. No te quiero mentir. No creo que lo que teníamos estuviera funcionando.
Y todo lo que te dije en el supermercado es verdad. Salvo una cosa.
Tus perros.
Son hermosos.
Paula
Seguir leyendo acá.
Quiero hablar con vos. ¿Te paso a buscar y charlamos un rato?
Sebas
....
Sebastián:
Es horrible tener que repetirte esto por mail porque intenté que fuera en persona. No sé si quiero decir lo mismo otra vez. No lo dije porque estuviera enojada. Lamentablemente, todo lo que te dije en el supermercado es verdad. No sé que más decirte. A veces funciona. A veces no. No te quiero mentir. No creo que lo que teníamos estuviera funcionando.
Y todo lo que te dije en el supermercado es verdad. Salvo una cosa.
Tus perros.
Son hermosos.
Paula
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Sebastián mono-milagroso,
TRISTE CHICA COSMO
lunes, 17 de noviembre de 2008
Sos una persona increible, llena de cualidades, pero yo...(2)
EL NEGADOR
bla bla bla
El viernes fui a buscarlo a Sebastián pero no lo encontré. El sábado recién tuve noticias de él y fui hasta su casa.
Paula:
- Sebas, no quiero dar más vueltas. Yo…
Sebastián:
- ¿Me acompañás al super? No quiero que lleguemos a lo de mi hermana con las manos vacías.
Paula:
- Si. De eso te quería hablar.
Y fuimos al supermercado. Entre las góndolas yo ensayaba mi discurso haciendo mímicas absurdas mientras las abuelitas me miraban como si fuera una loca. Finalmente en la parte de los congelados fui a encararlo a Sebastián.
Paula:
- Hace días que te quiero decir algo pero no es fácil.
Sebastián:
- Si. ¿Qué pasa? ¿No querés venir mañana al almuerzo? ¿Es eso?Ya me di cuenta.
Paula:
- No. No quiero ir. Me parece una re mala idea.
Sebastián:
- No sé por qué sos así.
Paula:
- ¿Así cómo?
Sebastián:
- Tan… inmadura.
Paula:
- ¿Qué me dijiste?
Sebastián:
- Inmadura, te dije. Inmadura.
Paula:
- (Fuera de sí misma) No te quiero ver más. No me gusta cómo sos. No te quiero volver a ver.
Sebastián:
- ¿Qué?
Paula:
- Que no te quiero ver más. No me gusta que hagas planes por los dos, que no me consultes, que me pongas en tus números free, que me quieras presentar a tu familia. Tus perros son feos, vos me aburrís, no me interesa conocer a tus tíos, ni a tu vieja, ni quiero conocer a tus amigos, no me interesa nada, nada, pero nada, de vos.
Sebastián:
- Pará. ¿Qué te pasa? ¡Estamos en el supermercado!
Paula:
- Eso. Que hace días quiero decirte que…
Sebastián:
- Paula, tranquilízate. Yo voy a pensar que estás muy enojada y por eso decís todo eso.
Y se fue. Y me quedé ahí, hablando sola entre el helado, los yogures y los productos Light.
Y me volví a mi casa.
Me tocó un negador.
Seguir leyendo acá.
bla bla bla
El viernes fui a buscarlo a Sebastián pero no lo encontré. El sábado recién tuve noticias de él y fui hasta su casa.
Paula:
- Sebas, no quiero dar más vueltas. Yo…
Sebastián:
- ¿Me acompañás al super? No quiero que lleguemos a lo de mi hermana con las manos vacías.
Paula:
- Si. De eso te quería hablar.
Y fuimos al supermercado. Entre las góndolas yo ensayaba mi discurso haciendo mímicas absurdas mientras las abuelitas me miraban como si fuera una loca. Finalmente en la parte de los congelados fui a encararlo a Sebastián.
Paula:
- Hace días que te quiero decir algo pero no es fácil.
Sebastián:
- Si. ¿Qué pasa? ¿No querés venir mañana al almuerzo? ¿Es eso?Ya me di cuenta.
Paula:
- No. No quiero ir. Me parece una re mala idea.
Sebastián:
- No sé por qué sos así.
Paula:
- ¿Así cómo?
Sebastián:
- Tan… inmadura.
Paula:
- ¿Qué me dijiste?
Sebastián:
- Inmadura, te dije. Inmadura.
Paula:
- (Fuera de sí misma) No te quiero ver más. No me gusta cómo sos. No te quiero volver a ver.
Sebastián:
- ¿Qué?
Paula:
- Que no te quiero ver más. No me gusta que hagas planes por los dos, que no me consultes, que me pongas en tus números free, que me quieras presentar a tu familia. Tus perros son feos, vos me aburrís, no me interesa conocer a tus tíos, ni a tu vieja, ni quiero conocer a tus amigos, no me interesa nada, nada, pero nada, de vos.
Sebastián:
- Pará. ¿Qué te pasa? ¡Estamos en el supermercado!
Paula:
- Eso. Que hace días quiero decirte que…
Sebastián:
- Paula, tranquilízate. Yo voy a pensar que estás muy enojada y por eso decís todo eso.
Y se fue. Y me quedé ahí, hablando sola entre el helado, los yogures y los productos Light.
Y me volví a mi casa.
Me tocó un negador.
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Sebastián mono-milagroso,
TRISTE CHICA COSMO
viernes, 14 de noviembre de 2008
EL TELEFONO, SEBASTIAN, MATIAS, MI MAMA Y YO
Bla bla bla
Les cuento todo lo más rápido que puedo porque hoy ahora sí o sí lo voy a ver a Sebastián y decirle todo. Ayer chequeo los mails y leo que me puso en sus números free. ¡Dios! ¡Es lo peor que puede hacer alguien y más cuando recién te conocés! Tal vez quede muy psico pero lo voy a ir a buscar a la facultad. Traté de avisarle que iba porque teníamos que hablar, pero lo estuve llamando y nada. No me atiende. Tampoco me responde los mensajitos ni lo vi más on line. Le mandé un mail pero no me contestó. ¿Y queda muy mal decirle lo que me pasa por mail, no? Tiene que ser en persona. Sin duda, no puedo sostener más todos sus planes descabellados. Sus pequeños planes descabellados. Y anoche, si me quedaba alguna duda, lo terminé de decidir.
Anoche fuimos con las chicas a tomar una cerveza a bar con mesitas al aire libre. ¡Y no saben quien estaba ahí!
¡Si!
¡Matías!
Yo no sé qué será: ¿Por qué siempre me lo encuentro de casualidad?
Entre sus amigos había una flacucha, rubia sin gracia, que le hablaba de lo más cerca. No pude más que marcar terreno e ir a saludarlo. Le vi la cara de tragame tierra y me maté de la risa. La cosa es así: Terminamos en mi casa. Obvio. (Rubia flacucha, 0/ Paula Malvada, 1).
No estoy enamorada de él, y sé que muchos van a desconfiar de esta afirmación, pero les juro que no estoy enamorada de él, pero esta mañana, cuando nos despertamos juntos, me di cuenta que en este momento es lo que puedo tener. Estar con Matías es como tener sexo con un amigo. Es tan cómodo. Tan divertido. Ninguna emoción en el medio.
Esta mañana sonó el teléfono:
Matías:
- Atendé.
Paula:
- No. Dejá.
Matías:
- Atendela a tu vieja así nos deja tranquilos.
Paula:
- ¿Cómo sabés que es mi mamá?
Matías:
- Siempre que vengo te llama.
Y atendí.
Mientras estaba hablando con mi mamá, yo completamente desnuda, Matías me empezó a acariciar. Yo trataba de cortarle porque la situación era demasiado incomoda, pero justo se le dio por leerme acerca de un curso. Y yo trataba de cortarle pero seguía leyendo. Mami, más tarde te llamo y me contás. Pero mi mamá seguía hablando y no paraba de hablar. Y Matías se reía y yo también. Cuando finalmente corté retomamos la situación.
Pero otra vez sonó el teléfono.
Matías:
-Un día voy a atender- me amenazó-. No puede ser que siempre justo te llamen.
Paula:
- Atendé. Total. Si te escucha mi mamá va a decir: Perdón, me equivoqué. Quise llamar a mi hija. Nunca va a pensar que fuera posible que traiga un chico a mi casa.
Matías:
- Ja. Sí, seguro.
Y el teléfono volvió a sonar, y sin que me diera tiempo, el idiota atendió.
Matías:
- Hola. Ah, si, si, te paso.
( Y me mira serio, muy serio, y me pasa el teléfono y yo que tenía la cara desencajada del terror de que sea Sebastián)
Matías:
-Tu psicologa- me dice y se rie.
Retomo la terapia el lunes.
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Les cuento todo lo más rápido que puedo porque hoy ahora sí o sí lo voy a ver a Sebastián y decirle todo. Ayer chequeo los mails y leo que me puso en sus números free. ¡Dios! ¡Es lo peor que puede hacer alguien y más cuando recién te conocés! Tal vez quede muy psico pero lo voy a ir a buscar a la facultad. Traté de avisarle que iba porque teníamos que hablar, pero lo estuve llamando y nada. No me atiende. Tampoco me responde los mensajitos ni lo vi más on line. Le mandé un mail pero no me contestó. ¿Y queda muy mal decirle lo que me pasa por mail, no? Tiene que ser en persona. Sin duda, no puedo sostener más todos sus planes descabellados. Sus pequeños planes descabellados. Y anoche, si me quedaba alguna duda, lo terminé de decidir.
Anoche fuimos con las chicas a tomar una cerveza a bar con mesitas al aire libre. ¡Y no saben quien estaba ahí!
¡Si!
¡Matías!
Yo no sé qué será: ¿Por qué siempre me lo encuentro de casualidad?
Entre sus amigos había una flacucha, rubia sin gracia, que le hablaba de lo más cerca. No pude más que marcar terreno e ir a saludarlo. Le vi la cara de tragame tierra y me maté de la risa. La cosa es así: Terminamos en mi casa. Obvio. (Rubia flacucha, 0/ Paula Malvada, 1).
No estoy enamorada de él, y sé que muchos van a desconfiar de esta afirmación, pero les juro que no estoy enamorada de él, pero esta mañana, cuando nos despertamos juntos, me di cuenta que en este momento es lo que puedo tener. Estar con Matías es como tener sexo con un amigo. Es tan cómodo. Tan divertido. Ninguna emoción en el medio.
Esta mañana sonó el teléfono:
Matías:
- Atendé.
Paula:
- No. Dejá.
Matías:
- Atendela a tu vieja así nos deja tranquilos.
Paula:
- ¿Cómo sabés que es mi mamá?
Matías:
- Siempre que vengo te llama.
Y atendí.
Mientras estaba hablando con mi mamá, yo completamente desnuda, Matías me empezó a acariciar. Yo trataba de cortarle porque la situación era demasiado incomoda, pero justo se le dio por leerme acerca de un curso. Y yo trataba de cortarle pero seguía leyendo. Mami, más tarde te llamo y me contás. Pero mi mamá seguía hablando y no paraba de hablar. Y Matías se reía y yo también. Cuando finalmente corté retomamos la situación.
Pero otra vez sonó el teléfono.
Matías:
-Un día voy a atender- me amenazó-. No puede ser que siempre justo te llamen.
Paula:
- Atendé. Total. Si te escucha mi mamá va a decir: Perdón, me equivoqué. Quise llamar a mi hija. Nunca va a pensar que fuera posible que traiga un chico a mi casa.
Matías:
- Ja. Sí, seguro.
Y el teléfono volvió a sonar, y sin que me diera tiempo, el idiota atendió.
Matías:
- Hola. Ah, si, si, te paso.
( Y me mira serio, muy serio, y me pasa el teléfono y yo que tenía la cara desencajada del terror de que sea Sebastián)
Matías:
-Tu psicologa- me dice y se rie.
Retomo la terapia el lunes.
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